¿Era Sogama el modelo fracasado?

Javier Domínguez Lino PRESIDENTE DE SOGAMA

OPINIÓN

María Pedreda

05 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

«El tiempo es ese juez insobornable que da y quita razones», pero mientras el tiempo transcurre, hay quienes lo aprovechan para hacer su particular guerra mediática sobre una realidad ficticia, creada a medida de sus intereses, en base a criterios puramente políticos y totalmente distanciada de la verdad.

No quisiera hacer leña del árbol caído, pero esto es lo que ha sucedido en la Mancomunidad Serra do Barbanza con su sistema de gestión de residuos. Un sistema creado teóricamente como alternativa al modelo Sogama, cuando en realidad era un desplante político a la Xunta que sus promotores fundamentaron más en un dogmatismo pseudo ecologista que en un verdadero interés por el reciclaje y la gestión verde de los residuos.

Los argumentos utilizados para rechazar lo que para ellos representaba Sogama, que reducían de forma eufemística a simple «quema de basura», calaron profundamente en la opinión pública hasta el punto de segregar Galicia en dos tipos de gestión de residuos: la de los considerados «buenos», los proecologistas, únicos defensores del reciclaje que, sorprendentemente, desconocían la existencia de desechos que no se pueden reciclar; y la de aquellos a los que nos tildaban de «malos» por, según ellos, saquear el medio ambiente.

Durante muchos años, el sistema del Barbanza se ha sostenido sobre cimientos de cartón —y no precisamente reciclado— que con el paso del tiempo se fueron debilitando, por mucho que sus promotores siguiesen empeñados en ensalzar sus bondades cada vez que tenían ocasión. Eso sí, lo que no decían era que el reciclaje resultaba deficiente o inexistente y que la mala separación de la materia orgánica en origen impedía la elaboración de un compost de calidad que, finalmente, acababa enterrado en vertedero, sin posibilidad de ponerlo en valor y comercializarlo.

Los que presumían de un modelo distinguido por aplicar a rajatabla el principio de proximidad, vieron cómo la sobresaturación del vertedero de Lousame acabó condenando a la mancomunidad a recurrir a empresas privadas y a tener que transportar sus desechos al vertedero de Sobrado dos Monxes mediante camiones de recogida obligados a realizar viajes de ida y vuelta superiores a 200 kilómetros.

La insostenibilidad se apropió de una gestión incapaz de seguir adelante por su inviabilidad económica y técnica. Desde el pasado 1 de enero, la Mancomunidad Serra del Barbanza entrega sus residuos a Sogama. Los «ideólogos» de su modelo lo cambiaron todo para no cambiar nada y, paradójicamente, aquellos que criticaban el sistema público de gestión de residuos de Galicia, inevitablemente acabaron formando parte del mismo. En la balanza pesó más la propaganda política que la eficiencia técnica y el servicio prestado a la población.

Es hora de reflexionar. Dejemos la basura fuera del debate político y respetemos a la ciudadanía y al dinero público. Todos producimos residuos, pero estos necesariamente deben ser tratados de forma correcta.

La razón no grita. La razón convence. Aunque a veces tarde.