Petróleo, Ormuz y la verdadera pregunta del mercado

Lale Akoner ANALISTA GLOBAL DE MERCADOS DE ETORO

OPINIÓN

Eduardo Parra | EUROPAPRESS

04 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

La geopolítica ha vuelto al centro de la fijación de precios en los mercados. La escalada en Oriente Próximo ha impulsado el crudo al alza y ha reintroducido una prima de riesgo energética en un mercado que, hasta ahora, se inclinaba hacia el exceso de oferta. Pero en esencia creemos que se trata de un tema de continuidad del suministro y de cómo los mercados distinguen entre el miedo y una disrupción física real.

Aproximadamente el 20 % del crudo y del gas natural licuado transportado por vía marítima a nivel global atraviesa el estrecho de Ormuz. Catar, por sí solo, representa una quinta parte del suministro mundial de GNL (gas natural licuado), totalmente dependiente de ese paso. Cualquier alteración prolongada no afectaría únicamente al sentimiento del mercado; modificaría el suministro efectivo de energía. Y esa diferencia es crucial.

Lo que los mercados internacionales intentan discernir es si el episodio actual constituye un problema de precio (una prima de riesgo geopolítica temporal) o un problema de cantidad, es decir, una disrupción sostenida que afecte al suministro físico.

Pero es más, los mercados pueden adaptarse a precios más altos. Lo que les resulta mucho más difícil es valorar la incertidumbre sobre la continuidad y el calendario de las entregas. Si los barriles siguen fluyendo, el shock puede normalizarse. Si el tránsito se ralentiza de forma significativa, la trayectoria macroeconómica cambia.

Mientras los flujos físicos se mantengan razonablemente intactos, incluso con mayores riesgos de seguridad y costes de aseguramiento más elevados, el episodio puede permanecer contenido. La cotización del crudo puede repuntar, pero salvo que los inventarios comiencen a reducirse de manera sustancial, será difícil que esa fortaleza de precios se consolide estructuralmente. De acuerdo con nuestra visión, el impacto inflacionario, en ese escenario, sería limitado y en gran medida transitorio.

En ese entorno, los activos de riesgo pueden sufrir episodios de volatilidad, pero tienden a estabilizarse una vez se disipa la incertidumbre inmediata.

El panorama cambia si el tránsito por Ormuz se ve afectado de manera persistente, durante más de un mes. En ese caso, el crudo podría revalorizarse con mayor intensidad y mantenerse en niveles elevados.

Las expectativas de inflación se ampliarían a medida que la energía se traslade a los costes de transporte, a las cadenas de producción y, en última instancia, a los precios al consumidor. La volatilidad en los mercados de tipos aumentaría, al combinarse la demanda de activos refugio con el ajuste al alza de las expectativas de inflación, y las primas de riesgo se expandirían en distintas clases de activos.

Para los inversores internacionales, la respuesta adecuada debería ser mesurada y, desde luego, no reactiva.

El mercado no está en una situación de estrés sistémico; está ajustando el precio del riesgo. Si se preserva la continuidad del suministro, la volatilidad podría resultar temporal. Si la disrupción se prolonga, las implicaciones irán mucho más allá y condicionarán la trayectoria macroeconómica.

En momentos como el que estamos atravesando desde el pasado sábado, la disciplina en materia económica y la diversificación deberían guiar el posicionamiento.