¿Cómo nos afectará económicamente el conflicto bélico en Oriente Medio?
OPINIÓN
Una pugna bélica es mucho más que ataques militares. Esto lo hemos comprobado con la invasión de Ucrania por Rusia, que trajo un importante aumento de algunos productos, en especial los cereales, aceite y combustibles, lo que unido a otros factores provocó una tasa de inflación de dos dígitos. Ahora, los ataques que se están produciendo en Oriente Medio pueden llegar a afectar notablemente, bajo ciertas condiciones, al precio del crudo.
Los economistas solemos diferenciar entre los efectos directos e indirectos. Los primeros son los que se producen de forma primaria; los segundos son los que, si bien no resultan directamente de la medida o actuación tomada, también se generan y es preciso tenerlos muy en cuenta. Además, no es raro que la importancia cuantitativa y cualitativa de los segundos supere a los primeros.
Esto es lo que va a suceder probablemente con el precio del carburante. Irán tiene importantes reservas de crudo, situándose en el cuarto puesto en este recurso a nivel mundial. Sin embargo, su exportación apenas supone el 3 % de total de las ventas, ya que se trata un producto sancionado que no es comprado, entre otros, por los EE. UU. o la Unión Europea. Su principal cliente es China que suele adquirirlo a un precio inferior al resto del carburante, por la penalización internacional que tiene el producto.
En el hipotético caso de la destrucción total de los depósitos de crudo o de las plantas productoras, los efectos económicos a nivel mundial se verán muy limitados. En consecuencia, la repercusión directa será mínima. Hay una oferta suficiente de petróleo para ser satisfecho por otros países productores.
No se puede decir lo mismo de los efectos indirectos que puede suponer el cierre del estrecho de Ormuz, que es la arteria por la que circula el 20 % de todo el comercio del crudo y gas a nivel mundial. Si esto se produce es más que probable que el precio de los carburantes registre una significativa subida por el «efecto contagio». O dicho de otra forma, se corre el peligro que Irán opte —ya que no puede producir o vender su petróleo— que nadie pase por este estrecho, ahogando al mercado. Empleando un símil belicista, una política de tierra quemada, es decir «si yo no puedo vender, hago todo lo posible para que nadie lo haga».
De generarse lo anterior, es de esperar un aumento del precio de los materiales plásticos y, en general, de todos aquellos que emplean el petróleo como fuente de energía, tanto en la producción de bienes o prestaciones de servicios, como en la distribución. Esto puede traer consigo un repunte de la inflación, por el encarecimiento del precio de la energía, aunque contenido, porque no es lo mismo la primavera que el invierno desde el punto de vista del consumo de energía.
Ahora bien, ¿será un efecto transitorio o durará más tiempo? La respuesta no es sencilla. Si es un choque militar puntual y encapsulado en un territorio, los efectos serán coyunturales y breves, pero si se mantiene en el tiempo y si se traslada a otros países, corremos el riesgo que un aumento notable y sostenido del nivel de precios. En el escenario más pesimista, incluso puede llegar a afectar a las tasas de crecimiento económico mundial.
Habrá que estar preparado para lo que pueda pasar y limitar, en la medida de lo posible, sus efectos. En una guerra son pocos los que ganan y muchos los que pierden. En su derivada económica sucede lo mismo.