Epstein y los demás

Cartas al director
Cartas al director CARTAS AL DIRECTOR

OPINIÓN

Sarah Meyssonnier | REUTERS

27 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Élites intocables

Las llamadas «listas de Epstein» han vuelto a encender un fuego incómodo: el de la desconfianza hacia las élites. Documentos, nombres, vuelos, agendas. Fragmentos de información que aparecen, se analizan, se discuten y, en muchos casos, se contradicen. No existe una fotografía completa ni exacta de responsabilidades. Pero hay algo aún más inquietante que los datos: la reacción social que los rodea. Porque lo verdaderamente perturbador no es solo lo que pudo ocurrir, sino lo fácil que resulta para la opinión pública imaginar que pudo ser incluso peor.

Vivimos en una época en la que la desigualdad económica y el poder concentrado han creado figuras que parecen moverse fuera de cualquier límite moral o legal. Cuando observamos a multimillonarios, líderes políticos o grandes magnates involucrados en escándalos, evasiones fiscales o abusos, la sorpresa ha dejado paso al escepticismo. Ya no preguntamos si es posible. Preguntamos hasta dónde puede llegar.

La cultura popular lo ha reflejado durante años. Películas como Hostel mostraban una fantasía oscura donde los más ricos pagaban por experimentar el control absoluto sobre otros seres humanos. Durante mucho tiempo aquello se percibía como una exageración grotesca del cine de terror. Hoy, sin embargo, la ficción parece haber perdido parte de su capacidad de escandalizar.

El caso Epstein, con sus redes de explotación sexual y su proximidad a figuras influyentes, rompió una barrera psicológica colectiva. Demostró que el dinero puede construir entornos de impunidad durante décadas. Demostró que el poder puede comprar silencio. Y, sobre todo, demostró que los círculos privilegiados pueden protegerse entre sí con una eficacia que rara vez está al alcance del ciudadano común.. Coloma campos. vigo.

 Un comentario casual acerca de la muerte de Tejero

Decía una novela que estar ciegos con respecto a los encuentros de las casualidades que acontecen en nuestro día a día priva a la vida de la dimensión de la belleza. Lejos de calificar de bella la muerte de un anciano de 93 años, golpista o no, lo cierto es que las casualidades históricas remueven algo dentro de aquel que sabe apreciarlas.

El nexo casual entre las dos noticias estrella de la jornada es claro: el mismo día que salen a la luz los documentos hasta ahora secretos del intento de golpe de Estado de 1981, fallece el autor material de dicho golpe. Tejero ha muerto con 34.269 amaneceres (y entre ellos muchos ocasos) a sus espaldas. Ambos sucesos podrían haber sucedido aleatoriamente en cualquiera de esos días y, sin embargo, el relato histórico los ha hecho coincidir en una misma fecha.

Puede, no obstante, que todo lo anterior no sea una casualidad, sino una mera causalidad. No sabemos si Tejero, de forma casi poética, dedicó sus últimas horas a leer los documentos que narraban su intento de acto heroico fracasado, produciéndole un impacto tal que causó su muerte. Todo habría sido así una reacción causal del cuerpo, y no un capricho casual del destino. Por mi parte, me decanto por admirar el bello reflejo de la casualidad.Jorge Novo.

 El comité de Vox

El comité de Vox, que en realidad es solo Santiago Abascal —porque para eso es el líder—, se niega a entenderse con el presidente del partido que más apoyos tiene a nivel nacional y en sus autonomías, elección tras elección. El máximo responsable de Vox dice una cosa por la mañana cuando le presentan un documento con distintas propuestas —muchas de ellas que él mismo predica todos los días— y por la tarde argumenta lo contrario, mostrando que ya no está de acuerdo. ¿Qué persona con sentido común puede fiarse de alguien así? Máximo de la Peña.

Madrid y Barcelona. ¿Y el resto?

Las decisiones tomadas por nuestros representantes en el Consejo de Ministros son, en la mayoría de las ocasiones, pensadas para las dos grandes capitales de España: Madrid y Barcelona. Me pregunto si nuestros líderes saben que en ellas no viven los 50 millones de personas que tiene nuestro país. Sí, existe Cuenca, Lugo y Albacete. Están en el mapa. Marisa García.