«Llevar el burka forma parte de la expresión de la libertad religiosa». Una frase lapidaria que bien podría encabezar la pancarta del próximo 8-M... en Teherán. Si la hubiera pronunciado un diputado del PP o de Vox, «fascista» habría sido lo más suave que habríamos escuchado estos días. Pero no, ha sido Patxi López, el portavoz del PSOE, el partido del Gobierno de España, quien ha sentenciado que la prenda que oculta el cuerpo y el rostro de las mujeres, que las deshumaniza, las invisibiliza y las asfixia, es guay y debe seguir siendo permitida en nuestro país.
La izquierda extrema y la extrema izquierda han salido en tromba contra la propuesta de Vox de prohibir el burka y el argumento es tan simple como esto: si es una idea de Vox es una mala idea. PSOE, Sumar, ERC, EH Bildu, Podemos, BNG y Compromís, junto al PNV, la rechazaron en el Congreso. Según el ideario progresista, no se puede apoyar una moción del tercer partido de España, que representa a más de 3 millones de votantes (muchos más según los últimos sondeos), aunque sea para defender los derechos y la dignidad femeninas. El cordón sanitario que aplican a la formación de Santiago Abascal sirve así para cerrar el nudo que ahoga a las mujeres que profesan el credo islámico. Uno se pregunta si aplicarían la misma interpretación del Corán a sus madres, esposas, hijas... Pero no, no es eso.
La portavoz de Junts, Míriam Nogueras, lo resumió así: «Ni burka ni Vox». Es decir, si Vox propone mañana subir el salario mínimo, estos partidos votarían en contra. Lo mismo que si pidiera prohibir las redes sociales a los menores de 16 años, aplazar los desahucios de personas sin recursos o regularizar a 500.000 inmigrantes. Si lo plantea Vox, no hay tutía. Igual que cuando David Uclés dio la espantada y se negó a acudir al mismo foro que acogería después a José María Aznar e Iván Espinosa de los Monteros. Un escritor que teme a las palabras; unos parlamentarios que rehúyen el debate.
Estos que se ponen estupendos con el burka, y que llegan incluso a minimizar su impacto en nuestras calles, podrían pensar en otra práctica importada de ciertos países y —esta sí— casi residual: la mutilación genital femenina. Hay pocos casos conocidos de ablaciones hechas en España, pero se considera una forma de violencia contra las mujeres y el Código Penal lo castiga. En caso de que no fuera así, ¿votarían en contra de prohibirlas si lo propusiera Vox?