Irán, asignatura pendiente de Estados Unidos

Yashmina Shawki
Yashmina Shawki CUARTO CRECIENTE

OPINIÓN

ABEDIN TAHERKENAREH | EFE

01 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Irán siempre ha sido una asignatura pendiente para algunos sectores políticos estadounidenses de extrema derecha. Desde el triunfo de la Revolución Islámica, liderada por el ayatolá Ruhollah Jomeini en 1979, y tras la bochornosa retención de diplomáticos norteamericanos durante la crisis de los rehenes, Washington ha mantenido una postura de vigilante hostilidad hacia el país que durante décadas había sido un aliado en el área de Oriente Medio y, sobre todo, en el Golfo Pérsico. La huida del Shah y la puesta en marcha de una casi impenetrable república islámica desequilibró el mapa geoestratégico de EE.UU. en la zona. Pese a ello, cuando al año siguiente, en 1980, se inició la guerra contra Irak, Washington mantuvo una postura de neutralidad. Tampoco Bagdad gozaba de las simpatías norteamericanas debido a que el dictador Sadam era bastante impredecible y tenía muy buenas relaciones con la URSS. Solo cuando el régimen de los ayatolás comenzó a atacar buques en el área del Golfo, amenazando a los aliados norteamericanos, Washington empezó a apoyar a Bagdad. La cooperación estadounidense fue decisiva para que el conflicto rematase, sin vencedores pero con un coste humano y material muy elevado.

Fue precisamente la crisis económica tras la guerra entre Irán e Irak, de 1980 a 1988, y la falta de entendimiento con los países acreedores, fundamentalmente Kuwait, lo que desembocaría en acciones suicidas por parte del gobierno de Sadam Huseín que hundieron a su país en la más absoluta miseria. Entretanto, el Irán fundamentalista, casi aislado de la comunidad internacional, comenzó a establecer lazos de cooperación con países que no mantenían buenas relaciones con Estados Unidos, tales como China, la Rusia postsoviética o Corea del Norte. Mientras Occidente, liderado por EE.UU., se mantenía preocupada y ocupada en frenar la dictadura del partido Baaz en Irak, Irán tejió durante décadas una red de colaboradores, desde Hezbolá en Líbano, pasando por Hamás en Palestina o los hutíes en Yemen, sin olvidar las milicias chiíes en Irak, para cercar a su mayor peligro existencial, Israel.

Pese al embargo internacional, el interés por mantener la estabilidad en el polvorín de Oriente Medio hizo que se obviaran las penurias de los iraníes de a pie. Hoy, cuando fuentes no confirmadas hablan de más de 20.000 civiles asesinados por el régimen teocrático, a Trump solo le interesa bombardear estratégicamente Irán si no coopera en la reducción nuclear. Sin embargo, quizá la bomba más peligrosa sea la desesperación de los iraníes abandonados a su suerte frente a un régimen atroz.