Esta foto es un cuadro. Está tomada en el Ermitage de San Petersburgo, una de las grandes pinacotecas del mundo. Está a tiro de dron de Kiev, donde el menú, y van 1.434 días de guerra, es obra de Moscú: un entrante de frío mortal y un plato de oscuridad. En este cuadro aparecen 13 seres humanos, con perdón. Dos con nombre y apellido, Vladimir Putin, de ocupación sus misiles, e Ibrahim Iskandar, rey de Malasia. Sobre la actividad del resto se admiten apuestas. El vecino de Vladimir Vladimirovich podría ser su intérprete, pero quién sabe. Diríase que esté haciendo reír al ruso impasible. Mejor que no se confíe, en dos días puede estar contándole el mismo chiste a una alambrada en Siberia. El resto de los que pululan alrededor de una deslumbrante mesa cubierta de platillos con frutas impecables, panecillos y caviares son camareros exmiembros del KGB o excamareros miembros del KGB. Todo está esplendorosamente iluminado. El Ermitage. Qué belleza. Y qué pena.