En una tertulia televisiva se burlan de Kiko Rivera porque le ha escrito a una mujer con la que mantiene una relación sentimental una carta sin faltas de ortografía, «incluso con tildes», lo que atribuyen a que se ayudó de la inteligencia artificial. Mientras los ortógrafos del corazón charlan, en la parte inferior de la imagen aparece este rótulo: «Kiko Rivera, enamora con la IA». La coma entre el sujeto y el verbo confirma la validez del dicho «No escupas hacia arriba, que te puede caer en la cara». Y que tire la primera piedra el que nunca haya sido reo de cacografía.
Todo código conlleva infracciones, y la ortografía, el conjunto de normas que regulan la escritura de una lengua, también. Los códigos y las leyes de tráfico prescriben que los vehículos circulen por la derecha, se detengan ante un stop y no rebasen los límites de velocidad. Si alguno va por la izquierda, se salta los stops y el conductor pisa a fondo el pedal derecho, puede haber hasta muertes. Pero si un catedrático de universidad confunde adición con adicción y aun con aún, quienes pueden morir —y será de espanto— son quienes leen sus libros.
Mucha gente solo da importancia a las faltas de ortografía más chocantes, como trocar una b por una v, prescindir de una h o confundir la g con la j. Pero quizá sean peores las que alteran el mensaje. La falta de una coma o colocar una donde no procede puede tener consecuencias fatales: si, por ejemplo, en una entrevista le preguntan a un personaje si va a abstenerse en las próximas elecciones, no es lo mismo que le atribuyan como respuesta «No quiero votar al PP» que «No, quiero votar al PP».
En los últimos años son frecuentes la polémicas sobre el peso de estas faltas en pruebas que van desde la selectividad hasta las oposiciones a cuerpos de funcionarios. Cada caso es diferente. Y cada persona debe tener un nivel de ortografía adecuado a sus necesidades sociales y profesionales. El más elevado ha de ser el de quienes viven de lo que escriben. Y entre estos están los autores de los rótulos que aparecen continuamente en la pantalla del televisor, que deberían evitar que se interponga una coma entre Kiko Rivera y el amor.