Son responsables
Los responsables de gobernar en el Estado, en las comunidades, en los concellos deben de tener datos suficientes para valorar la situación económica de España en el momento actual y hacer prevención de lo que vaya a venir en los próximos años. Y dado lo convulso que está el mundo, todos los gobernantes debieran de cuidar muy mucho las situaciones que mantengan un elevado gasto público. Teniendo una potencial expectativa de decrecimiento, tendrán también que analizar la duplicidad de Administraciones que se fueron creando y que pueden aún aumentar más. Toda esta estructura es sostenida por impuestos directos e indirectos que pagan los contribuyentes, que además afrontan el abono de intereses de la deuda publica, incluida aquella derivada de los prestamos europeos que habrán de amortizarse y que, o sí o sí, endeudan a generaciones de hoy y venideras. En este contexto destaca lo que pueda pasar con una amplia capa de la población que no llegan a fin de mes por la gran carestía de la cesta de la compra, de la vivienda y de los servicios,
Ante un eventual cambio económico en negativo sería muy prudente que nuestros gobernantes empezasen a cuidarse muy mucho de difundir —como si en toda España no se pasasen penurias— ese de reparto de millones para aquí de millones para allá a través de la financiación autonómica. A los contribuyentes les chirría la situación, y se crispan aún más cuando les toca batallar con la actual cantidad de burocracia que soportan para realizar cualquier simple gestión. Con perdida de tiempo y siendo un gasto para el ciudadano, que observa como se engorda una burocracia que se duplica entre las distintas administraciones. ¿Por qué no las unifican?
Un ejemplo de esa duplicidad —claro y evidente— es la de mantener unos organismos como son las diputaciones. ¿Por qué no están integradas en la estructura de la comunidad autónoma? Tampoco debe olvidarse —pues todo es gasto— el gasto que generan, vía fondos públicos, los partidos políticos y sindicatos.
Por hacer un símil: «antes de que venga la tormenta, pues ya llueve fuerte, convendrá poner pararrayos», ya que si la cuestión económica se tuerce todavía más para los ciudadanos, habrá daños para todos. Mª José Rey Iglesias. Vigo.
Irán: una decisión política que borró décadas de libertad
Hubo un tiempo en el que las mujeres iraníes votaban, estudiaban, trabajaban, se vestían con libertad y ocupaban espacios de poder. Un país que, con todas sus imperfecciones, avanzaba. Un país que miraba al futuro. Ese Irán existió. Y fue desmantelado, no por falta de talento, ni de cultura, ni de voluntad social, sino por una decisión política. La Revolución Islámica de 1979 no solo cambió un régimen: reescribió los cuerpos de las mujeres como territorio del Estado. Desde entonces, los derechos no se perdieron de golpe, sino por capas. Primero la vestimenta obligatoria. Luego la segregación. Después las restricciones legales, la tutela masculina, la censura, el castigo. Cada ley presentada como «moral» fue, en realidad, una herramienta de control.
Eso es lo que una política puede hacer: borrar décadas de avances en una generación. Convertir la libertad en delito. Convertir la autonomía en amenaza.
Y aquí es donde conviene ser claros: el verdadero feminismo no es un eslogan cómodo ni una pose ideológica. El verdadero feminismo es defender que ningún Estado, ninguna religión, ningún gobierno tiene derecho a decidir sobre la vida, el cuerpo y el futuro de las mujeres. El verdadero feminismo es entender que los derechos no son irreversibles, que pueden perderse, y que cuando se pierden cuesta sangre recuperarlos. Irán es la prueba viva de que el progreso no es lineal. De que un país puede retroceder brutalmente cuando el poder se divorcia de la libertad. De que basta una ideología convertida en ley para destruir lo que generaciones construyeron.
Hoy, las mujeres iraníes no luchan por privilegios. Luchan por volver a respirar. Por caminar sin miedo. Por vivir como ya vivieron sus madres y abuelas antes de que el fanatismo se sentara en el Parlamento. No miremos a Irán como una excepción lejana. Mirémoslo como una advertencia. Porque cuando la política decide sobre los derechos, ningún avance está garantizado.
No tengan duda: defender la igualdad no es una moda, es una urgencia histórica. Coloma Campos Romero. Vigo.