La Xunta y la fiesta del salmón en el Ulla

José Ramón Rodríguez SECRETARIO DE LA ASOCIACIÓN ECOLOGISTA AEMS-RÍOS CON VIDA DE GALICIA

OPINIÓN

Miguel Souto

13 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Denunciamos la gravísima situación generada por la Consellería de Medio Ambiente e Cambio Climático, que permite el sacrificio de ejemplares en un río donde el salmón no alcanza los 50 individuos y está por debajo del umbral de viabilidad.

La recién publicada orden de vedas de pesca fluvial para el 2026 ha puesto de manifiesto una contradicción insostenible y escandalosa en la gestión de la Xunta. Mientras un técnico de su propia Administración alerta del colapso absoluto del salmón atlántico en el río Ulla en un reciente artículo aparecido en la prensa gallega, la Consellería de Medio Ambiente autoriza la celebración de la denominada fiesta del salmón de A Estrada, un evento que contempla el sacrificio de los ejemplares capturados. Es una incoherencia y una irresponsabilidad que vacía de sentido la política de conservación y acerca al salmón a su desaparición.

Hace pocas semanas, Pablo Caballero Javierre, técnico del Servicio Provincial de Patrimonio Natural de la Xunta en Pontevedra, explicaba con datos científicos la necesidad de la veda total del salmón atlántico en las aguas gallegas. Su diagnóstico, oficial y técnico, era claro: el umbral de viabilidad de la población se sitúa en unas 350 hembras reproductoras, y en la actualidad no se superan los 50 ejemplares en total. «No se puede garantizar la viabilidad de la población», afirmó. Se plantea así un escenario de emergencia crítica que exige la máxima protección.

Sin embargo, la misma Administración para la que trabaja Caballero ha promulgado una orden que, bajo el amparo de una supuesta protección, autoriza expresamente una fiesta que puede culminar con la muerte de salmones en ese mismo río agonizante.

Se trata de un atentado contra la conservación de la especie. Si el diagnóstico oficial afirma que quedan menos de 50 salmones y que la población no es viable, ¿con qué justificación biológica o ética se permite una fiesta que implica su captura y muerte? No es solo un impacto del estrés, es la eliminación directa de los últimos reproductores de un stock al borde del colapso. Autorizar la pesca de salmones en este contexto es inconcebible y negligente.

 La fiesta del salmón es un acto de ceguera institucional que pone por delante la tradición mal entendida a la obligación de conservar el patrimonio natural. Es un mensaje pésimo: se decreta la alarma pero se reparten los últimos cartuchos. La consellería tendría que explicar públicamente qué criterio prevalece: ¿el científico de sus técnicos de Patrimonio Natural, o el político y social que prima un evento? Autorizar esta fiesta es la prueba de que la gestión no se basa en la ciencia, sino en la complacencia.