Este año que comienza traerá de nuevo a Galicia la visita del señor Ashaverus, el judío errante del que nada se sabe desde el año 1986, cuando permaneció dos meses en tierras gallegas.
En aquella ocasión fue durante abril y mayo y recorrió las principales villas y ciudades, deteniéndose una temporada en Compostela. Esta vez todavía no sabemos nada de su llegada, acaso sean los cálidos meses de verano cuando se deje caer por aquí.
El judío errante fue condenado por el mismo Jesucristo a a vagar por el mundo hasta su segunda llegada a la tierra hasta la Parusia, el juicio final.
Su castigo fue motivado por burlarse de Jesús cuando caminaba hacia el calvario para ser crucificado.
Su fama comenzó a expandirse por Europa en el año 1299, fue muy popular a partir del siglo XIII y decayó en el siglo pasado, cuando el hombre le perdió el miedo y lo convirtió en una pintoresca leyenda popular.
Vive en multitud de obras literarias y en docenas de películas que abordan su vida y su obra.
Borges el gran fabulador argentino, lo trajo a las páginas de su relato El inmortal con su nombre original, que no era otro que Cartafilo, que así se llamaba cuando por vez primera apareció en Armenia, adonde vuelve buscando reposo temporal cada tres inviernos, tras dar la vuelta al orbe.
Gabriel García Márquez lo hace responsable de los males que acaecen en Macondo y es un protagonista secundario en Los funerales de la Mamá Grande.
Cunqueiro lo hace coincidir con el paso por el decorado celeste del cometa Halley, que, como es bien sabido, tiene su órbita cada setenta y seis años, y la última que lo hizo hasta ahora fue en el año 1986. Yo vi cómo iluminaba la ría de Viveiro traspasando el cielo nocturno en un guiño mágico. Mantengo sobre Ashaverus la misma tesis del maestro Cunqueiro, que describió en El año del cometa el retorno de los ríos a sus fuentes y la sorprendente aparición del unicornio que se creía extinguido.
El señor Ashaverus, uno de los ejes que vertebran la mitología judía, no puede detenerse en ningún lugar habitado por cristianos, se hospeda en fondas y no come producto alguno guisado por humanos. Lo abandonó el viejo don de la ubicuidad que mantuvo durante siglos, pero sigue teniendo don de lenguas, hablando todas las de la tierra, y siente nostalgia por el idioma gallego cuando estando lejos no puede practicarlo.
Estaré atento a la llegada del señor Ashaverus y volveré a dar noticia de su llegada, esperando que su maldad atávica ya esté remansada, contenida y se comporte como un turista que disfruta de nuestro plácido verano.