Parece que María Corina Machado le va a conceder el Premio Nobel de la Paz a Donald Trump, que es como cuando tu hermano te regala el jersey de grecas que le trajeron los Reyes y que le queda grande. Y tengo que reconocer que me da mucha envidia: el medallón con la cara del científico, como Franco en las pesetas, quién lo pillara. No nos dicen en este periódico si también le va a dar el dinero, me imagino que no, porque una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. María Corina Machado sabe que en realidad un Premio Nobel solo sirve para dar conferencias bien pagadas y, si es el de Literatura, para vender más libros. Y María Corina no quiere ni lo uno ni lo otro, sino el gobierno de Venezuela, que le ha robado el flaco Nicolás. Por eso se deshace del Nobel con tanta prodigalidad. Pero Trump, que es medio tonto, tendrá que enmarcar el diploma con el nombre tachado y untar a la Wikipedia para que lo metan en el largo listado, que aquí no es premio Nobel quien no quiere. Yo sí quiero y por eso estoy repasando la lista de los de mi gremio, que es el citado para vender libros, a ver si Coetzee, los hijos de Vargas Llosa o la Xunta de Galicia me regalan el que tienen; en el último caso, además, con la ventaja de que el original agraciado, Camilo José Cela, es tío mío por parte de madre y a mi primo Camilo seguro que le parece bien. El tema del dinero no voy a tocarlo, no vaya a ser que la cuerda se rompa. Y si nadie me regala un Nobel, por lo menos que me regalen un jersey de grecas.