Lo peor que le ha pasado al Partido Popular en mucho tiempo ha sido Carlos Mazón. Él destapó, tras las elecciones autonómicas, la caja de los truenos pactando con celeridad inusitada con Vox. Su rapidez en el pacto dejó un tanto noqueada a la propia dirección del PP. Pero Mazón siguió adelante. Hace poco más de un año, siendo Mazón presidente, España sufrió una de sus más espantosas tragedias. Las riadas acabaron con cientos de vidas humanas y Mazón no supo estar a la altura. No fue el único, pero sí al que señaló la izquierda como responsable único. Los expertos, pasado el tiempo, aseguran que debió declararse el estado de emergencia nacional. Pero ni Mazón lo pidió, ni el Gobierno central quiso hacerse cargo. Los militares, que dependen del Estado, llegaron cuatro días después de la tragedia. Y fueron los vecinos, con la ayuda de muchos empresarios y la logística de sus empresas, los que comenzaron a paliar la situación. Hubo lágrimas. Un dolor insuperable. Familias rotas, hijos que habían perdido a sus padres y padres a sus hijos. Era muy difícil recomponer todo aquello. Era muy difícil recomponerse.
Yo creo que Mazón debía haber suspendido su agenda aquel día funesto y reclamar el estado de emergencia. También creo que no le ayudó cambiar la versión de lo ocurrido en varias ocasiones. ¿Debía dimitir? Por supuesto. Pero también debía dimitir la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera. Y algún responsable de la Aemet, que dio las alertas tarde y, por encima, sin acierto. Debían dimitir los que obviaron las obras demandadas, en el barranco del Poyo por ejemplo, por ingenieros y arquitectos desde hace años. Y el que debía dimitir, por encima del resto, era el presidente del Gobierno. Visitó Paiporta y salió huyendo, dejando a Mazón y al rey. No regresó a los lugares que más habían sufrido la tragedia. Tampoco fue al funeral en la catedral. Sí acudió al acto de recuerdo de hace pocas semanas, quizá porque no estaba la religión por medio y no era necesario rezar. Mazón, que es lo peor que le ha pasado al PP en mucho tiempo, reitero, ya no está. Ha dimitido. Igual que ha dimitido la consejera de Emergencias. Igual que ha dimitido la consejera de Sanidad en Andalucía. Y la diputada que trampeó su currículo en Madrid. Y el conselleiro de Pesca gallego. ¿Del resto ha dimitido alguien? Por los violadores excarcelados, por las pulseras antimaltrato, por la corrupción de las «manos derechas» del presidente, por la defensa a ultranza del fiscal general del Estado. ¿Ha dimitido alguien? No.
Sin embargo no pierden la oportunidad de mostrar hasta donde pueden llegar algunos. A Mazón le han llamado psicópata, asesino, miserable… y no sigo. Lo han hecho otros políticos. Y lo hacen porque ya todo está permitido. La política está deshilachando su humanidad. Mengua la humanidad como menguan los argumentos y crecen, ampulosamente, los insultos. La democracia no lo merece.