A los mayores hay que escucharlos y atenderlos

OPINIÓN

Dos personas mayores paseando, en imagen de archivo.
Dos personas mayores paseando, en imagen de archivo. MARCOS MÍGUEZ

Hace un tiempo que se viene planteando la posibilidad de crear unos departamentos específicos de personas mayores en las distintas Administraciones públicas, a nivel local, autonómico y estatal. Parece necesario para defender la práctica totalidad de los problemas que afectan a este colectivo, que ya supone más de un 20 % de la población de España. Lo cierto es que este numeroso colectivo no se ve reflejado. Ni reflejado ni representado. Porque a los mayores no se les escucha y, muy a menudo, ni se les oye.

Hay áreas muy específicas que necesitan con urgencia una reforma para atender a las personas mayores. La sanidad, con unas largas listas de espera para quienes no tenemos tiempo para plazos largos, porque necesitamos que las situaciones de deterioro físico, unido a las circunstancias que afectan a nuestra memoria, atención, comunicación, miedo a la vejez, depresión, problemas de sueño y tantas otras, se resuelvan pronto. En el ocio, porque esos viajes que ofrece el Imserso levantan muchas polémicas desde el inicio de los plazos para solicitarlos. Demasiados bloqueos a los cinco minutos de abrirse esa posibilidad. Hace falta más claridad. En la dependencia, en cuya espera para ser reconocido y ayudado se van muriendo miles y miles de afectados (casi 900.000 desde el año 2006, según datos del informe del Observatorio de la Dependencia de la Asociación estatal de directores y gerentes en servicios sociales. Casi nada. Y lo que viene... En la valoración y revisión de las minusvalías, esperas de meses y meses, muchos.

Y la soledad no deseada, que está presente 365 días al año. En la eterna y excesiva burocracia con las Administraciones y las pegas con la banca, por esa famosa y real brecha digital, por falta de conocimientos, por desconocimiento del manejo de la informática y de sus recursos. En las negociaciones de las pensiones, que están en manos de sindicalistas y empresarios, que no nos representan. En la dispersión enorme de plataformas, federaciones, asociaciones, nacionales, provinciales, locales, cada una con sus objetivos, cada una a lo suyo, lo que resulta muy práctico a nuestro sistema político: si somos muchos y estamos divididos, nunca llegaremos a ejercer nuestra fuerza. Sin lugar a dudas, nunca llegaremos. Demasiados reinos de taifas a la española. Y en tantas cosas más… Pero ahí seguiremos, implorando hasta que un día alguien tenga el convencimiento de que a los mayores hay que escucharlos y atenderlos. Alguien con el poder suficiente para cambiar las cosas. Julio Méndez Menéndez de Llano. Lugo.

Realidade ou ficción

O recente informe da Cámara de Representantes de EE.UU. sobre a pandemia de covid debería ser un punto de partida para un debate global serio. Este documento, froito dunha investigación exhaustiva e supostamente rigorosa, cuestiona verdades asumidas durante a crise e formula interrogantes preocupantes sobre a xestión dos gobernos e a eficacia das medidas adoptadas. Nas súas conclusións afírmase que o virus ten orixe artificial, que as medidas de illamento e as máscaras foron ineficaces e que a diminución dos contaxios respondeu máis á inmunidade natural que ás vacinas. Sinala graves fallos de transparencia e danos colaterais, tanto económicos como psicolóxicos, derivados de decisións políticas erradas. Independentemente da validez científica destas afirmacións, o que resulta alarmante é o silencio que rodeou este informe en boa parte do mundo, incluído o Goberno. Non semella haber interese en aprender dos erros nin en garantir unha mellor preparación para o futuro. A pandemia non só foi un desafío sanitario, senón tamén un exame para as nosas institucións e liderados. Ignorar o que se fixo mal equivale a aceptar que poderiamos repetir os mesmos erros. Urxe abrir un debate político e científico. Non facelo sería unha afronta ás vítimas e unha renuncia a mellorar como sociedade fronte a futuros desafíos. Xián Antón Lorenzo Rodríguez. Ribadavia.