España y Argentina, o cómo la irresponsabilidad conduce al conflicto

Javier Rupérez POLÍTICO Y DIPLOMÁTICO, EMBAJADOR DE ESPAÑA EN EE.UU. ENTRE EL 2000 Y EL 2004

OPINIÓN

Matías Baglietto | EUROPAPRESS

24 may 2024 . Actualizado a las 09:14 h.

Es tentador, en esto de la insultante algarabía con la que se están tratando los responsables gubernamentales de Madrid y Buenos Aires, buscar y castigar al que culpablemente comenzó la parranda. Y no estaría de más el hacerlo. Pero en realidad la cuestión es otra: ¿existe alguna razón por la que argentinos y españoles deban pelearse? La respuesta es radicalmente negativa. Difícilmente hallaríamos en nuestras comunes historias, y al menos desde los tiempos de la independencia, un momento de abierta confrontación. Entonces ¿qué es lo que está pasando? Pues que la clase política dominante en ambos países ha decidido tirarse los trastos a la cabeza. Ante el escándalo y el estupor de las correspondientes ciudadanías. Y cuando los responsables gubernamentales españoles insinúan la posibilidad de llegar a la ruptura de relaciones diplomáticas. La última y, en la practica, la única vez que tal decisión tuvo lugar fue en 1980, cuando policías guatemaltecos invadieron la embajada de España en el país, causando la muerte de 39 personas, entre ellas algunos diplomáticos españoles. ¿Estamos acaso en situación igual o parecida?

Es evidente que Sánchez y Milei no se gustan, y la distancia que les separa no resulta novedosa en la vida internacional. Pero, afortunadamente, no son demasiados los responsables políticos que traducen sus lejanías ideológicas o afectivas en incidentes o en conflictos. ¿Tienen España y Argentina alguna cuestión pendiente que resolver en la vida social, económica, personal, literaria, artística, medioambiental o científica? Absolutamente ninguna. ¿Comprenden los españoles o los argentinos que algunos de esos aspectos de sus relaciones sean puestos en peligro porque Milei y Sánchez no se aguantan? No hace falta investigar demasiado para comprender lo contrario: que quien más, quien menos, observa con escándalo el comportamiento de adolescentes maleducados e incompetentes que los rectores de ambos lados están ofreciendo a sus ciudadanos y al resto del mundo. Porque el espectáculo es en verdad vergonzoso.

Ha llegado el momento del «basta ya» en el que, por propia iniciativa o siguiendo la mediación educada de propios o extraños, los responsables de ambos lados se sienten, solventen sus cuitas, pidan explicaciones o alternativamente ofrezcan perdón, reconozcan que sus preferencias ideológicas no son las mismas pero que argentinos y españoles merecen otra cosa: paz, estabilidad, entendimiento, beneficio. Y si necesitan árnica, que, por ejemplo, vayan a la Organización de Estados Americanos, la conocida como OEA, en Washington, de la que Argentina es miembro y España observador, para solicitar receso y tranquilidad. Tienen al menos una gran ventaja. Hablan el mismo idioma y se pueden entender sin intérpretes.

Porque, digámoslo con todas sus letras, esto no es un incidente diplomático. Es una solemne estupidez. Y el problema es que ahora, como antes, son las estupideces y sus promotores los que acaban provocando incidentes y conflictos. Precisamente aquellos que acaban sufriendo los ciudadanos, cuya única aspiración es poder seguir viviendo en paz, libertad y prosperidad. Lo que españoles, argentinos y todos los habitantes del mundo mundial tienen derecho a reclamar. ¿Lo podrán llegar a comprender en el Palacio de la Moncloa y en la Casa Rosada?