El zorro al cuidado del gallinero

Ernesto Sánchez Pombo
Ernesto S. Pombo EL REINO DE LA LLUVIA

OPINIÓN

El secretario general de Junts per Catalunya, Jordi Turull.
El secretario general de Junts per Catalunya, Jordi Turull. Lorena Sopena | EUROPA PRESS

15 ene 2024 . Actualizado a las 13:54 h.

Habrá que aguardar a conocer los pormenores del acuerdo alcanzado para la cesión, pero solo su anuncio entraña ya una mala noticia. Una preocupación y un peligro. Porque es, como en nuestra infancia nos enseñaba aquella popular fábula, poner al zorro al cuidado del gallinero. Y ya sabemos, sin error a equivocaciones, cual va a ser el resultado.

 En un momento en el que las políticas xenófobas y racistas se extienden por todo el mundo, y de forma alarmante por Europa, Junts per Catalunya se suma a la moda y le arranca, al presidente Sánchez, a cambio de irse a tomar un café para que saque adelante un par de decretos, la gestión de las competencias en materia de inmigración. Que en palabras del carismático líder mundial Jordi Turull supone «una ley orgánica para que la Generalitat de Cataluña tenga las competencias necesarias para asumir la gestión integral de la inmigración».

Todavía es prematuro saber lo que la cesión puede significar. La jurisprudencia del Constitucional declara competencia exclusiva del Estado el control de los flujos migratorios, porque el artículo 149 de la Constitución establece que es ese Estado el que tiene capacidad exclusiva en nacionalidad, inmigración, emigración, extranjería y derecho de asilo. Y la política europea recoge como idea básica que los flujos migratorios de ciudadanos procedentes de terceros países es atribución conjunta de la Unión y Estados miembros. Claro que nuestra propia Carta Magna dice también que se podrán «transferir o delegar en las comunidades autónomas, mediante ley orgánica, facultades correspondientes a materia de titularidad estatal que, por su propia naturaleza, sean susceptibles de transferencia o delegación».

Así que lo único que tenemos claro, a falta de conocer las líneas rojas, es que el propio acuerdo de cesión es un error monumental. Porque se entregará la gestión de las personas inmigrantes a una formación, aunque para eso tendrá que hacerse con el Govern, que precisamente basa su existencia en la defensa a ultranza de la identidad catalana. En todos los aspectos. Tanto que el asunto identitario ha creado situaciones cómicas, como las que se refieren al origen de grandes personajes históricos.

Pero es que además, desde los tiempos del íntegro Pujol, los líderes de la revolución de los señoritos creen que la alta inmigración, unida a la baja natalidad, constituye una amenaza para esa identidad catalana. De ahí que dejar en manos de unos xenófobos, que no lo son menos que el facherío, el flujo de inmigrantes y sus permisos de trabajo y residencia, no deja de ser una irresponsabilidad y una ligereza impropias de un país que presume de su política migratoria. Y un error que lamentaremos. No podemos ir por el mundo jactándonos de ser un país solidario y de acogida y entregar a unos xenófobos la vida de quienes huyen de una muerte segura. Porque eso tiene un nombre. Cómplices de racismo.