La ley de amnistía, producto de cenáculo reservado de amigos

José Luis de la Torre Nieto ABOGADO DEL ESTADO Y MIEMBRO DE LA ACADEMIA GALLEGA DE JURISPRUDENCIA Y LEGISLACIÓN

OPINIÓN

SUSANA VERA | REUTERS

18 nov 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Así no, señor Sánchez; como ha calificado su actuación un político de su partido, este proyecto luce «mucha necesidad de obtener el poder por su parte, mucha necesidad de buscar impunidad por parte de los singulares recipiendarios de la amnistía, beneficiados por ella… y muy pocas virtudes cívicas y políticas». Podría usted haber alentado y promovido alguna fórmula alternativa, pero ya no será así y resultará un producto legislativo deficiente, sectario por ser fruto de una ilusión excluyente, y que suscita severísimas dudas de compatibilidad con los principios constitucionales y el Estado de derecho, tanto por la forma como por el contenido.

Un ser legal deficiente, elaborado y concebido bajo el ambiente anaerobio del «solo por mí, ante mí, conmigo y con mis allegados», que carece en su esencia mas íntima del presupuesto fundamental cívico y convivencial de la amnistía: ser resultado de un proceso de reflexión, racional y no solo emocional, compartida entre los interesados que lo promueven, incluidos relevantemente los beneficiarios de la gracia. Ya sabemos que falló la política en el procés, pero ello no justifica ni legitima incurrir en atentados contra el orden constitucional (no contra el «orden público», como erradamente se ha llegado a establecer), y ahí debe jugar, bilateral y simétricamente, la ausente reflexión y necesario compromiso compartidos sobre las actitudes pasadas y futuras de cada quien, incluidos, reiteramos, los recipiendarios de la amnistía.

Queda entonces el proyecto dirigido al designio de dar pábulo a un «singular privilegio» en beneficio de muy concretos ciudadanos, los no comprometidos ahora, cualificados por sus cargos al servicio del Estado, deudores de lealtad reforzada a la Constitución. Y, aunque no toda amnistía haya de ser universal e indiferenciada, la evidente falta de empatía y compromiso por parte de estos en la reflexión que la amnistía debe implicar no va a impedir, tememos, estrambóticos juicios de los recipiendarios, proclamando urbi et orbe un juicio radical, injusto y ensoberbecido de engreimiento victimista, descalificatorio de nuestro sistema judicial. Un sistema (y sus integrantes, que son poder del Estado) que se estigmatizará como represor indigno, propio de país con democracia fallida. Y esa esperada actitud reduce a ceniza, a vista y paciencia de usted, la reiterada cita de la Constitución en el proyecto del Gobierno. Más todavía, los jueces no podrán hablar ni replicar a tales denostables invectivas, mas allá de sus asociaciones o su malhadado Consejo General (que no son el Poder Judicial zaherido), y a lo mejor solo usted actuará, paradójicamente, como defensor, y ya entonces vano pretendido curador, de una sedicente patología que no se dignó prevenir, debiendo y pudiendo haberlo hecho.

Vayamos a las formas, dejando para otra ocasión el contenido, y entre ellas a un detalle concreto: el ninguneo del Consejo de Estado, institución que conoce el proyecto por la prensa. Señor presidente Sánchez, ha patrocinado usted un texto elaborado en un cenáculo reservado de allegados y afectos; ambiente cerrado y hermético, «cargado de humo contaminante proveniente del incensario benevolente y complaciente de los turiferarios de la lisonja que le han asistido en el evento y de otros interesados, no comprometidos, que han intervenido en la elaboración». Ello que no permite prejuzgar al recién identificado con el interés general y el respeto a la justicia, la igualdad y el buen sentido que con tanto énfasis se alude en el texto; proclama del «interés general» que surge de este modo a la vida política y cívica como fruto de una pueril «autoapreciación egoísta e interesada», y tras un torpe y manipulador seguimiento de cauces de secretismo y precipitación, evitando que la apertura de ventanas inspire aportaciones plurales ciudadanas e institucionales.

¿Para cuándo queda pendiente recabar el parecer del Consejo de Estado, supremo órgano consultivo del Gobierno y su presidente, como expresa la Constitución? Un órgano de composición ideológica transversal, dotado de casi irrepetible y acendrada auctoritas, al que usted debería consultar, fuere o no ello preceptivo, por prudencia, por conveniencia y por necesidad; cuya opinión, caracterizada por el rigor jurídico, que no la lisonja, elevaría el contenido oxigenado del elenco de opiniones coadyuvantes a la elaboración de un texto normativo, despejándole a usted, a su Gobierno y allegados y a todos, de dudas e inquietudes.