¿Quién amenaza el futuro industrial de Galicia? ¿Odian una Galicia con futuro?

Francisco Méndez | Responsable de Estrategias Industriales de CC.OO. de Industria de Galicia PUNTO DE VISTA

OPINIÓN

MABEL RODRÍGUEZ

30 oct 2023 . Actualizado a las 08:21 h.

España, Europa entera, adolece del mal de la dependencia energética. Hablamos de una dependencia de energía primaria que supera el 70 %. La actual situación internacional, ha puesto contra las cuerdas a la economía e industria gallegas. También está dejando al descubierto un hecho, la independencia energética, y por tanto, la instalación de energías renovables en nuestro territorio es esencial para garantizar nuestra seguridad, nuestra libertad y nuestro sistema de valores.

Por otro lado, aparecen en el horizonte más de 20 grandes proyectos industriales, 18 de ellos declarados «proyectos industriales estratégicos», que dependen para su arranque de la puesta en marcha de proyectos eólicos que les suministren energía limpia y a buen precio: supervivencia de Alcoa en San Cibrao, proyecto de Resonnac en Coruña, planta de neumáticos en As Pontes, varios proyectos de hidrógeno verde.

Alrededor de 8.000 puestos de trabajo industriales están en solfa por la posible paralización de casi 2.000 MW eólicos, producto de reclamaciones sin sentido y del desconocimiento de una casta judicial poco formada y/o capacitada en temas técnicos y científicos, con lo que parece cierto sesgo en contra de las energías renovables y el desarrollo industrial de Galicia.

A esto, debemos añadir, una fuerte irresponsabilidad por parte de determinadas opciones políticas, que utilizan una suerte de «nacionalismo territorialista de baja estofa» buscando engañar a la población para conseguir sus votos, sin importarles que esa estrategia es la que garantiza el despoblamiento rural y la incapacidad para fijar empleo o actividad económica de valor añadido en ese mismo territorio, sin importarles poner en peligro el futuro industrial de Galicia.

Se agita una falsa defensa del territorio oponiéndola al desarrollo industrial que beneficia al global de la población. Se confrontan el bienestar, los valores de una sociedad, el futuro de todo un planeta acuciado por el cambio climático, con unos valores «patrios» y «puros». No puedo evitar comparar esa argumentación, «la tierra» sobre sus residentes, «la tradición» sobre el bienestar social, «la pureza del paisaje, como expresión de la raza» contra el valor añadido y su reparto social, con la del fascismo. No puedo evitar percibir la actitud del nuevo ecologismo con visión estrecha, con esa actitud de «renovables sí, pero en la casa de otro», como un ecofascismo mal disimulado.

Nos sumergimos en el otoño, comienzan los temporales y las lluvias, toda la clase trabajadora, toda la industria de este país, ya empieza a ver cómo la entrada de energía eólica e hidráulica en la red eléctrica desploma el precio de la electricidad y hace más competitiva nuestra producción, generando más empleo. Cada kW eólico que entra en la red, es un kW que disfruta un ciudadano a mejor precio, sin tener que plantearse si con su bienestar está financiando a algún tirano, en el este, en oriente medio, en el norte de África… si su bienestar de ahora no acabará poniéndolo en peligro en el futuro.

Quitemos la careta a los falsos defensores de la naturaleza, a los falsos defensores de un país que no comprenden, no permitamos que nos quieran «salvar» hundiéndonos en el pasado y la miseria.