¿Cómo funciona la medicación para el déficit de atención?

Alba Soutelo Soliño PRESIDENTA DEL COLEGIO DE FARMACÉUTICOS DE PONTEVEDRA

OPINIÓN

JOSZE PARDO

11 may 2023 . Actualizado a las 08:59 h.

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es el trastorno del neurodesarrollo más frecuente en niños y adolescentes. Tiene una alta prevalencia a nivel mundial y en un porcentaje considerable continúa manifestándose en la edad adulta. Afecta al rendimiento escolar y a la relación social y familiar, y presenta tres síntomas principales: déficit de atención, hiperactividad e impulsividad, que pueden manifestarse de forma diferente en función de la edad, enfermedades asociadas y características individuales.

El déficit de atención es el síntoma más difícil de detectar y se manifiesta con despistes, distracción y falta de escucha. La hiperactividad es el más fácil de detectar y se caracteriza por inquietud y movimiento continuo. La impulsividad es el menos frecuente y se manifiesta con impaciencia y falta de control sobre las respuestas impulsivas.

Aunque no se conoce la causa exacta, el TDAH es un trastorno multifactorial en el que pueden influir factores genéticos; ambientales pre-, peri- o posnatales; neuroquímicos; neuroanatómicos; neurofisiológicos y psicosociales. Se considera un trastorno neurobiológico porque se cree que existe un funcionamiento alterado en los circuitos reguladores de varias zonas del cerebro por un déficit de neurotransmisores, especialmente noradrenalina (NA) y dopamina (DA). Los neurotransmisores son sustancias químicas que actúan como mensajeros y posibilitan la transmisión de información entre neuronas o entre neuronas y tejidos. La alteración de la neurotransmisión, debido al déficit de NA y DA, afecta a la regulación de la conducta, la atención y la memoria de trabajo.

El diagnóstico es básicamente clínico, ya que no existen pruebas complementarias con evidencia diagnóstica, y se obtiene recogiendo información de tres fuentes: la familia, los profesores y la exploración de la conducta del niño, así como cumplimentando cuestionarios de evaluación.

El tratamiento es individualizado e integral e incluye medidas psicológicas, educativas, sociales y farmacológicas. El tratamiento farmacológico se valora cuando las otras medidas son insuficientes.

Uno de los tratamientos farmacológicos de elección para el TDAH es el metilfenidato, que presenta eficacia y seguridad a las dosis recomendadas. Es un estimulante del sistema nervioso central, cuyo mecanismo de acción no se conoce con precisión, pero presumiblemente actúa incrementando las concentraciones de NA y DA en el espacio sináptico, al inhibir su recaptación y favorecer su liberación, aumentando así la actividad del área prefrontal del cerebro con la consiguiente mejora de la atención y concentración, y reducción del comportamiento impulsivo.

La valoración del inicio y continuidad del tratamiento debe realizarla un médico especialista con experiencia en trastornos del comportamiento en niños y adolescentes.

Cuando se utiliza metilfenidato, en las condiciones de uso autorizadas, se estima que el beneficio terapéutico es superior a los posibles riesgos. En caso de que deba suspenderse, se hará gradualmente y bajo supervisión médica. La mayoría de los pacientes responden favorablemente al tratamiento con metilfenidato, mejorando los síntomas y los problemas emocionales y cognitivos.

Por su cercanía al ciudadano, muchos padres acuden a la farmacia en busca de consejo e información. La intervención del farmacéutico mejora el manejo de la enfermedad desde el inicio, el uso correcto de la medicación y la adherencia al tratamiento, ayudando a prevenir la aparición de problemas relacionados con los medicamentos y mejorando la calidad de vida de los pacientes, sus familiares y su entorno.