Populismos, nubarrones en España

Luis Grandal
Luis Grandal PROFESOR DE PERIODISMO INTERNACIONAL EN LA UNIVERSIDAD CARLOS III DE MADRID.

OPINIÓN

CHIGI PALACE PRESS OFFICE HANDOU | EFE

12 dic 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

En las últimas décadas ha irrumpido un fenómeno político en el panorama mundial que, sin ser novedoso en cuanto a que ya tiene otros recorridos históricos, sí aporta características propias para los tiempos en que vivimos. Se trata de los populismos. Ya en la Grecia clásica, personajes como Cleón o Alcibíades maniobraban con su demagogia para manipular el voto. Platón no podía con los demagogos, por lo que le hicieron a Sócrates, como dejó escrito en el diálogo Critón. Y en Roma el abanderado y más conocido populista fue Julio César. Tras él, los emperadores fueron dioses y al pueblo se le dio pan y circo.

 

La definición de la RAE huye de las definiciones comprometidas y define escuetamente el término populismo como «tendencia política que pretende atraerse a las clases populares». Lo cierto es que el populismo es una realidad que está ahí, aunque tiene sus consecuencias. Pero hasta ahora pertenece al pensamiento abstracto. No hay consenso —al menos académico— de por qué ha resurgido en el siglo XXI, por qué tiene más incidencia en unos países que en otros, por qué hay populismos de izquierda y de derecha. Son más las preguntas que nos podemos hacer que las respuestas que por ahora podemos dar. Falta todavía mucho análisis.

Como punto de partida podemos señalar que los populismos son un fenómeno que se produce más en las democracias liberales y parlamentarias y no en las dictaduras. La razón es obvia, cualquier protesta contra el sistema en las dictaduras se corta de raíz, con mano dura y sin contemplaciones. Las manifestaciones recientes en Shangai (China) o el pasado verano en Cuba son un espejismo. En las dictaduras comunistas el derecho de protesta del pueblo es una entelequia. El artículo 1 de la Constitución de China dice: «La República Popular China es un Estado socialista bajo la dictadura democrática popular, dirigido por la clase obrera y basado en la alianza obrero-campesina». Sin comentarios.

Según un estudio de la Red de Investigación y Políticas sobre Populismo (CPRE), organismo paneuropeo, en el que colaboran más de 1.700 investigadores, en los últimos diez años el porcentaje de votos populistas en las elecciones generales europeas aumentó 10 puntos en relación a la década anterior. ¿Es el populismo un peligro para la economía y las instituciones de las democracias liberales o no? Un estudio sobre El costo del populismo: evidencia de la historia de los profesores Moritz Schularik (Universidad de Bonn), Christoph Trebesch (Universidad de Kiel) y Manuel Funke (investigador del Instituto para la Economía Mundial de Kiel) señala como conclusiones: (1) el populismo es de naturaleza serial; (2) el liderazgo populista es económicamente costoso, con una notable disminución a largo plazo del consumo y la producción, y (3) el populismo es políticamente disruptivo fomentando la inestabilidad y el deterioro institucional.

Me parece interesante el caso de Tsipras en Grecia. Veremos también qué camino tomará Meloni en Italia. Los polacos y los húngaros ya han tomado nota. ¿Y nosotros? Hay nubarrones. Claro: una cosa es predicar y otra dar trigo.