El espíritu del Camino se encuentra amenazado

Cristóbal Ramírez EX PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN DE PERIODISTAS DEL CAMINO (APECSA)

OPINIÓN

02 oct 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Que para entender el presente hay que conocer el pasado es axioma de primero de la ESO, así que repasemos. Primero fue la Iglesia la que, tras el redescubrimiento del cuerpo del Apóstol en el siglo XIX (llevaba perdido 290 años), relanzó las peregrinaciones, con cierto impacto nacional aderezado con un cálido toque portugués.

La segunda fase la protagonizaron las asociaciones de amigos, tanto de España (ahí está Estella) como de Francia y Alemania, seguidas por todas las demás. Y en ese empeño siguen, con potencias como Países Bajos, que, siendo un país protestante y por lo tanto poco dado a las peregrinaciones, tiene 13.000 miembros.

La tercera fase se la apunta, y con todo mérito, la Xunta. La reinvención del Camino con el Xacobeo 93 fue un hito sin parangón en la historia moderna en lo que a este capítulo se refiere. El problema radica en saber cuándo parar. Los caminos de Santiago son rutas que mezclan lo bonito con lo feo, los senderos por bosques con el asfalto peligroso, la naturaleza exuberante con los parques industriales. ¿Por qué personas de todo el mundo los eligen en vez de recorrer otros parajes maravillosos del planeta? Sencillo: porque estos son itinerarios históricos pasen por donde pasen y porque contienen un componente de espiritualidad (y, para algunos, religioso), de ellos emanan y en ellos se aprenden valores como la solidaridad.