Lo que pueda pasar no será igual a la fase aguda de la pandemia

Juan Jesús Gestal Otero PROFESOR EMÉRITO DE MEDICINA PREVENTIVA Y SALUD PÚBLICA DE LA USC

OPINIÓN

19 sep 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Hemos pasado seis olas durante la fase de contención de la pandemia. La última, por la variante ómicron (linaje BA.1), con elevadísima transmisibilidad y escape inmune, que provocó tal número de casos diarios (151.230 en el pico de la ola, el 10 de enero del 2022) que imposibilitó continuar con la vigilancia epidemiológica y rastreo de contactos tal y como se venía haciendo, y con las llamadas de seguimiento a positivos, lo que tampoco tenía mucho sentido dada la benignidad de los casos (más del 95 % asintomáticos o leves), debido al elevado porcentaje de población vacunada (más del 92,0 % de mayores de 12 años) y la que había pasado la infección. Eso hizo pasar, el 28 de marzo, a la fase de mitigación, con actuaciones dirigidas a proteger a los más vulnerables, centrando en ellos vigilancia epidemiológica e intervenciones, y se limitó la indicación de aislamientos y cuarentenas a entornos muy concretos, recomendando a los positivos adoptar medidas que eviten la transmisión. Cambio condicionado a que no se incrementase la presión asistencial o cambiase la situación epidemiológica, lo que no se produjo. El 20 de abril se abandonó la obligatoriedad de mascarilla en interiores, excepto trabajadores y visitantes de centros asistenciales y personas ingresadas fuera de su habitación; trabajadores y visitantes en centros sociosanitarios, no para usuarios de residencias; en el transporte público, y en las empresas lo que decidan los servicios de prevención de riesgos laborales.

En estos cinco meses en fase de mitigación se produjeron dos pequeñas olas. La primera por el linaje BA.2 de ómicron, con pico el 11 de mayo; y la segunda a partir del 12 de junio por los linajes BA.4 y BA.5, con pico el 10 de julio, descendiendo desde entonces, alcanzando actualmente las incidencias y ocupación de camas más bajas de la pandemia, correspondientes a una situación de circulación controlada. Además, la mitad de ingresos son con covid-19 no por covid-19.

Surgen ahora algunas voces que apuntan al abandono de la obligatoriedad de la mascarilla en algunas situaciones. ¿Tiene sentido en el transporte escolar si al llegar al colegio están juntos sin restricciones? ¿O en el consultorio dental, debiendo retirarla para la atención odontológica? ¿O en farmacias y ópticas, cuando no es obligatoria en supermercados y tiendas? Las autoridades sanitarias son muy prudentes y quieren asegurarse bien antes de decir adiós a las medidas del covid-19. La OMS ya se está moviendo. De momento, segundo refuerzo para los más vulnerables con las vacunas bivalentes; que se vacunen o pongan el refuerzo los que no lo han hecho, y los vulnerables que no bajen la guardia. Podemos decir que estamos ya en la postpandemia, atentos a lo que pueda ocurrir en el otoño-invierno, que, en cualquier caso, no será igual a lo sufrido durante la fase aguda de la pandemia.