Caín y Abel serían hoy en Galicia familia numerosa

Abel García Rodríguez ABOGADO Y ASESOR FISCAL. SOCIO DE LIFE ABOGADOS

OPINIÓN

PRADERO

15 sep 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Fue en el Neolítico cuando el hombre dejó de ser nómada y se hizo sedentario, empezando a labrar la tierra. Ahí descubrió que el abono de la tierra le reportaba una mejor cosecha. Tras esa primera revolución agrícola la población creció de forma exponencial hasta hoy, donde la preocupación principal de los gobiernos del estado del bienestar es proporcionarnos un entorno digno donde todos tengamos cubiertas unas necesidades básicas.

Y mientras en su momento el abono de la tierra sirvió como catalizador del crecimiento de la humanidad, ahora los políticos se afanan en poner todos sus esfuerzos y su imaginación, en un entorno de severa competencia fiscal, en incentivar y animar a las familias —como si de abono se tratara— a tener hijos y a detener el desplome de la natalidad, y, de paso, tratar de conseguir unos votos.

Cualquier esfuerzo es poco en este punto, pues no debemos perder de vista que en los países de la OCDE la tasa de fertilidad total ha caído desde 3,3 hijos/mujer en 1960 hasta 1,6 hijos en el 2020; y tenemos que pensar que serán nuestros hijos quienes se tengan que enfrentar al pago de la ingente deuda pública que hoy se utiliza precisamente para hacer frente y financiar dichas políticas públicas que fomentan la natalidad, o que tratan de allegar unos euros al maltrecho bolsillo de los ciudadanos… Me temo que no descubrimos nada nuevo al recordar que los políticos nos ayudan con nuestro propio dinero o con el que tendremos que devolver en el futuro, pero no está de más agradecer estos esfuerzos en un momento como el actual, en el que la coyuntura económica no es la más favorable para la ciudadanía en general.