Oportunismo, mentiras y mala fe

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

Rodrigo Jiménez | EFE

08 sep 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

El espectáculo protagonizado por Pedro Sánchez en el debate celebrado en el Senado demuestra su desesperación ante unos sondeos que le otorgan nulas posibilidades de reeditar su mandato, ni siquiera repitiendo su alianza Frankenstein con el populismo radical y todos los independentistas y nacionalistas que pueblan el Congreso. Jamás en la etapa democrática se había visto un uso tan abusivo de los privilegios que otorgan al presidente del Gobierno los reglamentos de las Cortes. Sabiendo que el líder de la oposición solo dispondría de 15 minutos para contestarle, Sánchez se explayó durante más de una hora para repasar todas y cada una de las medidas aprobadas por su Gobierno y glosar unos supuestos éxitos políticos y económicos que nadie percibe.

Pero fue en el turno de réplica donde Sánchez traspasó todos los límites. Olvidándose ya por completo de las medidas de ahorro y de las consecuencias de la guerra de Ucrania en el bolsillo de los españoles, dedicó casi otra hora entera exclusivamente a descalificar personalmente al líder de la oposición. Una estrategia que refleja el miedo del presidente a que su rival se consolide como alternativa. Sánchez utilizó la hemeroteca para señalar cada uno de los errores, lapsus o incoherencias que, a su juicio, ha cometido Feijoo desde que es el líder del PP. Todo ello aderezado con altas dosis de prepotencia, para terminar preguntándole si actúa así «por insolvencia o por mala fe».

Sánchez demostró que su comparecencia no tenía como objeto rendir cuentas ante los ciudadanos, ni analizar las medidas de ahorro energético, ni presentar ninguna novedad, más allá del anuncio de que las empresas de cogeneración eléctrica quedarán cubiertas por el mecanismo de la excepción ibérica. Una medida que, al igual que la rebaja del IVA del 21 % al 5 %, había sido planteada previamente por Feijoo. Su única intención era aprovechar la ventaja de disponer de tiempo ilimitado para descalificar e insultar ante todos los españoles a un líder de la oposición que, según todos los sondeos, tiene muchas papeletas para sucederle como presidente. Visto que no puede competir en el terreno de la política, Sánchez se dedica a la descalificación ad hominem. Ya sabe Feijoo qué tipo de campaña le aguarda en las generales.