Mejor para el ahorro, peor para pedir un préstamo

Manel Antelo PROFESOR DE ECONOMÍA DE LA UNIVERSIDADE DE SANTIAGO

OPINIÓN

04 sep 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

El Banco Central Europeo (BCE) ha puesto fin a un largo período de continuas bajadas de tipos de interés y por primera vez en once años ha subido del 0 % al 0,5 % el precio al que presta liquidez al sistema bancario. Este incremento es el mayor de los últimos 20 años y con él inicia la senda de la «normalización de los tipos de interés oficiales». Se ha percatado de que es «apropiado» encarecer el dinero y hacerlo más de lo que tenía previsto para reforzar el llamado instrumento para la protección de la transmisión (para evitar que las primas de riesgo de algunos de países de la zona euro se disparen), pero, sobre todo, para embridar la inflación. Y no es aventurado decir que a esta subida le seguirán otras hasta que el IPC retorne a la senda del 2 %.

De forma sucinta, si el BCE sube los tipos de interés, los bancos encarecen el crédito y el consumo cae. En términos generales, esto perjudica a quienes tienen más pasivos que activos o, al menos, más pasivos ligados a los tipos que activos (deudores netos), y beneficia a quienes tienen más activos que pasivos o, al menos, más activos ligados a los tipos que pasivos (acreedores netos). Los primeros deberán hacer un mayor esfuerzo para cumplir con los pagos, mientras que los segundos empezarán a ver remunerado su ahorro. En particular, las hipotecas en vigor (a tipo variable) y las nuevas (a tipo fijo o variable) serán más caras. Lo mismo ocurrirá con los préstamos al consumo (para comprar un coche o un móvil), ya que, por su inmediatez y su período de amortización, son muy sensibles a la subida de tipos. Por el contrario, las expectativas de los ahorradores mejorarán, ya que los depósitos y otros instrumentos de ahorro pasarán a tener una rentabilidad que hasta ahora no tenían. Ergo, aumentará el incentivo para trasladar renta del consumo al ahorro.

Las cosas no son muy distintas si hablamos de empresas. En general, las financieras mejoran con las subidas de tipos, porque estos son su materia prima, mientras que las no financieras empeoran, porque son las que se endeudan en mayor medida para realizar sus inversiones. Es por ello que la política monetaria restrictiva puede frenar la producción, con el consiguiente impacto negativo en el empleo y la actividad económica. Es el precio a pagar por controlar la inflación.

Por último, las subidas de tipos afectan negativamente al precio de los bonos (el precio se mueve inversamente al interés que ofrecen). Los títulos que cotizan en el mercado secundario ven caer sus precios, mientras que los del mercado primario deben ofrecer un mayor rendimiento para encontrar compradores dispuestos a asumir el riesgo. Esto puede afectar a muchas empresas y a los países periféricos de la zona euro. Teniendo en cuenta que otra de las herramientas del BCE para endurecer su política es el fin de las compras netas de bonos, los tipos de interés de la deuda soberana pueden aumentar, las primas de riesgo ensancharse y el margen de países como España reducirse, a pesar de la herramienta con la que el BCE trata de evitar la fragmentación del mercado interno. Y que cada punto porcentual más de tipos añada 600 millones de euros al servicio de la deuda pública española (0,05 % del PIB) no es baladí. Esa cantidad habrá que detraerla de otras partidas de las cuentas públicas o conseguirla aumentando impuestos.