Cuando molesta el «look»

Pedro Armas
Pedro Armas A MEDIA VOZ

OPINIÓN

Miguel Osés | EFE

20 ago 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

En todas las encuestas, de encargo u oficio, Yolanda Díaz aparece como la política mejor valorada. Muchos analistas han reconocido sus logros, pandemia por medio, al frente del Ministerio de Trabajo: acuerdos entre agentes sociales otrora irreconciliables, salario mínimo, regulación temporal de empleo, ley de teletrabajo o reglamento de igualdad retributiva entre sexos. Sin embargo, hay quienes, en periódicos o emisoras, critican todo lo que hace, haga lo que haga; tanto su trayectoria política como su imagen. Alguno critica su aspecto, repitiendo apodos y motes, de dudoso ingenio, sobre su físico o feminidad, lo cual es más que micromachismo.

Sucede porque el look de Yolanda molesta. Es paradójico que un look moleste tanto, a la vez que gusta tanto. Molesta mucho a la derecha mediática y algo a la progresía iniciática, mientras gusta mucho a la gente corriente, que tiene menos prejuicios y menos tiempo para pamplinas. Algunos progres hubiesen preferido que Yolanda tuviese un estilo más desenfadado, más informal, más hippy; muchos conservadores, también, porque sería más fácil criticarla.

Si Yolanda fuese la candidata de la derecha, sus faldas de tubo, sus trajes chaqueta y sus vestidos blancos a la altura de la rodilla, como marcan los cánones, serían propios de la distinción y elegancia que debe mostrar quien nos representa. Sus combinaciones cromáticas de tonos armónicos, luminosos y suaves, serían indicativos de buen gusto. Sus toques sofisticados, talles altos o mangas plegadas, añadidos a una austeridad básica, serían signos de vanguardismo. Sus moños informales, y hasta los recogidos con trenzas de raíz lateral, demostrarían su espíritu joven. Sus dotes de mujer ejecutiva, moderna y seria le darían sobrada credibilidad institucional.