¿Qué consecuencias tiene el insomnio?

Alfonso Clemente González ESPECIALISTA EN PSIQUIATRÍA DEL HOSPITAL HM ROSALEDA

OPINIÓN

María Pedreda

11 ago 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Un sueño profundo, satisfactorio y sin alteraciones está asociado a un estado de bienestar y buena salud, por lo que se considera que es una función fisiológica fundamental que hace posible la restauración y recuperación física y psicológica, la conservación de energía, la consolidación de la memoria, la descarga de las emociones, el mantenimiento del sistema inmunitario y varias funciones biológicas más. Aunque con variaciones individuales, se considera necesario mantener entre 6 y 8 horas de sueño diarias.

El insomnio, por el contrario, implica una insatisfacción subjetiva basada en la dificultad para conciliar el sueño y/o su mantenimiento y/o despertarse antes de la hora prevista. Las personas que lo padecen presentan un impacto notable en su calidad de vida, pues aparecen problemas de atención de memoria y de humor que deterioran su vida social, familiar, laboral o escolar. Asimismo, pueden verse agravadas otras enfermedades que padezca la persona. Estamos delante de una patología que afecta entre un 10 y un 15 % de la población general y por tanto precisa de una mayor atención y consideración con quien lo padece.

¿Qué nos puede causar insomnio? Tendríamos que buscarlo en cuatro ejes fundamentales: psicológico (trastornos de ansiedad, del estado de ánimo y bipolar, etcétera), orgánico (párkinson, esclerosis múltiple, apnea del sueño, Alzheimer, ictus, dolor crónico, etcétera), conductuales (los relacionados con los hábitos de la persona, haciendo especial hincapié en la alimentación, la ingesta de alcohol, el tabaquismo y el ejercicio físico) y ambientales (luz, ruido, condiciones del colchón y de la almohada y temperatura y humedad).

Existen tres tipos de insomnio: insomnio inicial o de conciliación, que afecta a las fases iniciales del sueño; insomnio medio o de mantenimiento, que causa despertares frecuentes de más de 30 minutos a mitad de la noche; e insomnio tardío, que despierta al individuo antes de lo esperado y con menos de 6 horas de sueño (este tipo de insomnio está muy relacionado con los trastornos depresivos mayores). Luego tenemos una subcategoría de insomnio, el denominado insomnio psicofisiológico o condicionado, que padecen las personas que se muestran obsesionadas o ansiosas con la necesidad de quedarse dormidas y ese «ansia» las activa e impide dormir.

Las personas que padecen de manera crónica insomnio lo primero que deben hacer es acudir a un profesional que indique el abordaje más adecuado para cada caso, sabiendo que en todos ellos hay un factor común que depende solo del individuo, que son la reglas de higiene del sueño (evitar comidas copiosas antes de dormir y dejar pasar 2 horas antes de acostarse, no tomar bebidas estimulantes, no fumar antes de acostarse, no ingerir alcohol al menos 2 horas antes de acostarse, no hacer siestas mayores de 30 minutos, no tener aparatos electrónicos en la habitación y que esta tenga las condiciones de luz y ruido adecuadas). Cuando estas reglas no son suficientes hay varias ayudas psicológicas que pueden ser útiles: técnicas conductuales (relajación, control de estímulos y restricción del sueño) y técnicas cognitivas como la intención paradójica (intentar estar despierto) y la parada o detección del pensamiento. Si persisten las alteraciones del sueño es cuando su médico le puede ayudar implementando todo o parte de lo anterior con el psicofármaco más adecuado para su tipo de insomnio.