El equilibrio inestable en Taiwán

Jorge Quindimil COORDINADOR DEL GRADO BILINGÜE EN RELACIONES INTERNACIONALES EN LA UDC

OPINIÓN

RITCHIE B. TONGO | EFE

05 ago 2022 . Actualizado a las 01:43 h.

En el mundo existen dos territorios que se autodenominan oficialmente como Estados Unidos y otros dos que también se autodenominan oficialmente como China. Los dos «Estados Unidos» son, oficialmente, los Estados Unidos de América y los Estados Unidos Mexicanos, y no rivalizan ni por la denominación ni por la soberanía. Las dos «Chinas» son la República Popular China —o simplemente China— y la República de China —les sonará más como Taiwán—, y su rivalidad constituye uno de los mayores focos de conflicto en las relaciones internacionales desde hace más de siete décadas.

Esta semana, la visita de la tercera máxima autoridad de EE.UU., Nancy Pelosi, a Taiwán ha dado lugar a serias amenazas de China que alimentaron el fantasma —por segunda vez este año— de una tercera guerra mundial. Diversas razones permiten entender este conflicto complejo que es más cercano de lo que parece.

Tras la victoria comunista en la guerra civil china en 1949, Mao proclamó la República Popular China, mientras que los nacionalistas derrotados huían a Taiwán, con su líder Chiang Kai-shek al frente de la República de China. Se iniciaba así la historia de división entre dos gobiernos que levantaban la bandera de la China legítima. Esta división interna se proyectó también en una división internacional: la República de China fue la representante ante Naciones Unidas durante los primeros veintiséis años, y a partir de 1971 la ONU le arrebataba esa representatividad para atribuírsela a la República Popular de China. En 1979, el Gobierno chino de Pekín planteó la reunificación de los dos territorios a partir del principio un país, dos sistemas —«principio una China»—.