Verano en el norte

Ramón Pernas
Ramón Pernas NORDÉS

OPINIÓN

PEPA LOSADA

24 jul 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando las olas de calor comienzan en mayo, la canícula se adelanta a finales de junio, y el temido ferragosto italiano es solo una referencia en la literatura climática, frecuentar el verano en el norte es gozar de una temperatura amable, pasear con la brisa vespertina, y contemplar el mundo con el caleidoscopio de las luces transparentes que iluminan las mañanas.

Las vacaciones pagadas se deben a Largo Caballero, ministro de Trabajo en la República, quien decretó su entrada en vigor en 1931, pero en realidad y después de períodos de solo siete días de vacaciones laborales desde 1962, hubo que esperar hasta 1983 para establecer en España 30 días naturales de vacaciones pagadas. Coincidió con la democratización del turismo, con el auge y desarrollo vacacional de la oferta hotelera y de ocio sobre todo en ciudades costeras, y España, la de Benidorm o Marbella, la de Ibiza o Tenerife, se convirtió en referencia europea del turismo popular.

El norte, San Sebastian, Santander, Gijón, A Coruña o Vigo, mantuvieron una oferta no masiva de un veraneo de calidad donde primaba la calma y el sosiego. Un turismo prémium que rápidamente se contaminó del veraneo popular, que entró con fuerza por el camino de Santiago. Más tarde apareció el modelo Sanxenxo y Nigrán, el modelo del interland coruñés con Sada y Mera, o la oferta interior en Compostela o Allariz por citar solo dos ejemplos.