«Anarchy in the UK»: adiós a Boris Johnson

César Rodríguez Pérez
César Rodríguez JUEGO DE TRONOS

OPINIÓN

Boris Johnson, durante su adiós
Boris Johnson, durante su adiós HENRY NICHOLLS | REUTERS

08 jul 2022 . Actualizado a las 16:11 h.

El 10 de diciembre me pregunté si Boris Johnson iba a comer el turrón como premier británico. Lo hice impelido por los escándalos festeiros que perseguían al líder tory y por la tradición de los conservadores británicos, siempre dispuestos a deponer a los primeros ministros de su partido. Sobre todo han sido muy votados. Pudieron en su día con Thatcher. Y ahora lo han hecho con el exalumno de Eton, admirador confeso del irresponsable alcalde de la película Tiburón y premio de la Academia Británica a la «Mejor Interpretación en un Programa de Entretenimiento».

Boris ha caído más tarde de lo previsto gracias a la guerra de Ucrania, que le sirvió para desviar el foco de sus excesos. Y lo ha hecho de manera espectacular, apuñalado por los suyos. Víctima de una conjura similar a la que acabó con Julio César y otros líderes romanos (él es un experto en esa fascinante época). Fue trending topic y protagonista en los platós de medio mundo: la envidiada BBC llegó incluso a hacer un contador de dimisiones en directo antes de que se verbalizara una renuncia repleta de frases memorables. Solo faltó que sonara el Anarchy in the UK de los Sex Pistols para arropar perlas como «nadie es indispensable» o «estoy triste por perder el mejor trabajo del mundo». ¿Y ahora? ¿Quién será su sucesor? ¿Otros vendrán que bueno te harán, Boris? Permanezcan atentos a sus pantallas. 

El primer ministro británico, Boris Johnson

Boris Johnson, el líder que consumó el adiós a Europa

Luís Pousa

Sorprendió la estampa de Boris Johnson (Nueva York, 1964) paseando en solitario por las salas del Museo del Prado, antes de la cena oficial que ofreció Pedro Sánchez a sus aliados de la OTAN durante la cumbre de la Alianza Atlántica en Madrid. El primer ministro británico prefirió escabullirse un rato de los corrillos para observar con sosiego los óleos de Velázquez, Goya y Rubens. Y, aunque su aire entre el desgarbo y el desaliño a veces nos lo hace ver como un secundario de Resacón en Las Vegas, el Johnson real —extravagante, pero culto e inteligente— está más cerca de ese atento observador de los lienzos del Prado que del caricaturesco premier que colecciona escándalos y portadas de The Sun en su despacho del 10 de Downing Street.

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