Cheira a Gilead

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

Jorge Dastis | EFE

29 jun 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

De El cuento de la criada hay una primera película rodada en 1990 con un cartel de lujo que encabezan Natasha Richardson, Faye Dunaway, Aidan Quinn, Elizabeth McGovern y Robert Duvall. Aunque el guion se le encomendó a Harold Pinter un puñado de años antes de que ganara el Nobel y el elenco brillaba, el filme no interesó a casi nadie. Pasaron más de dos décadas hasta que la adaptación del libro de Margaret Atwood emitida en HBO se convirtió en un fenómeno mundial. En el fracaso evidente del primer proyecto y el éxito sideral del segundo pudieron intervenir el talento pero también la oportunidad. El arte y la creación tienen una misteriosa capacidad de anticiparse a lo que viene, una virtud para olfatear las corrientes internas de la sociedad antes de que afloren con estrépito. Las espectadoras devoraron la serie sobre Gilead cuando la contrarreforma ya movía ficha y el mundo se encaminaba al barro en el que hoy chapotea. Aún en el 2017, año de su estreno, parecía imposible una decisión sobre el aborto como la que acaba de tomar el Supremo de USA pero algo flotaba ya en el ambiente que le concedía a la historia de Defred un perturbador interés. Casi a la vez que El cuento de la criada, triunfaba otra distopía audiovisual sobre el mundo que teje la tecnología. Black Mirror retrató situaciones y mundos que ya andan por aquí. La prueba del tino contemporáneo de ambas propuestas está en la alerta que la prohibición del aborto en medio Estados Unidos ha desatado entre las millones de usuarias que organizan sus ciclos menstruales a través de aplicaciones digitales. Hoy se teme que la policía de esta contrarreforma moral las use para detectar alteraciones en las reglas que desvelen posibles abortos y señalen a estas nuevas (viejas) delincuentes. Cheira a Gilead.