La agonía del bipartidismo

Xose Carlos Caneiro
Xosé Carlos Caneiro EL EQUILIBRISTA

OPINIÓN

Joaquin Corchero | EUROPAPRESS

27 jun 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Miguel de Unamuno escribió La agonía del cristianismo en Francia. Su exilio, causado por la dictadura de Primo de Rivera, provocó este breve ensayo que se convirtió en un éxito de ventas. Su título resulta atractivo, por su ambigüedad y también por su profundo significado: la disputa interior (la lucha) de los creyentes con su propia fe. Ese es el étimo que está en el origen de la palabra «agonía»: combate, contienda. De ahí he tomado yo el título de esta columna: creo que el bipartidismo está luchando también contra sí mismo. En agonía. Un estado del que debiéramos salir. Lo digo porque a lo largo de los últimos años he echado de menos esa circunstancia. La que propició las cuatro décadas de prosperidad más robustas de la historia de España. Tras otra dictadura, y más cruel que la de Primo de Rivera, nos encaramamos en la ola del bipartidismo: unos años para la UCD y el Partido Popular, y otros años (algunos más) para el Partido Socialista. He defendido la alternancia de poder y, junto con otros columnistas de nuestro periódico, me he posicionado en las ventajas del bipartidismo y en la desventura de lo que se llamó la «nueva política». Parece cosa del ayer, por mucho que algunos intenten explorar nuevos espacios (Yolanda Díaz), otros intenten refundarse (Ciudadanos) y los más pretenciosos (Vox) pretendan una involución que no pasará de anecdótica. El gran tronco político de España son PSOE y PP; tanto monta, monta tanto.

Sin embargo, el bipartidismo que vislumbramos en la mejor etapa —insisto— de la historia de España permanece en lucha (agonía) contra sí mismo. El PSOE ha abandonado ese camino de prosperidad y sucesión política que protagonizaron Suárez, Felipe, Aznar, Zapatero y Rajoy. Es difícil entenderlo. Aunque sí lo entiende Alberto Núñez Feijoo. En una operación estratégica de alcance, ha ido ocupando el espacio de centro. Fue lo que hizo en Galicia, laminando elección tras elección al Partido Socialista. Y lo está haciendo en España. Los estrategas del PP han visto la oportunidad que nunca antes habían, ni siquiera, imaginado. El socialismo de Sánchez ha cometido un pecado imperdonable, electoralmente, en el territorio de la vieja piel de toro: ha abandonado la moderación, el sosiego, la calma y el equilibrio de la centralidad. En el futuro, es mi opinión, el Partido Popular ocupará el centro de modo total. A su derecha quedarán Vox, y a su izquierda un espacio reducido que ocuparán las siglas del PSOE, de Díaz o de cualquier novedad electoral.

Pensarán algunos que un partido con tanto pedigrí no ha de reducirse a la marginalidad. Lo mismo pensaban los socialistas italianos, franceses o griegos, por citar los más notorios. El actual Partido Socialista, si nadie lo remedia, tendrá difícil su regreso al lugar de las grandes victorias: el centro. El bipartidismo —Andalucía es el último paradigma— agoniza.