Qué puente

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

ALBERTO LÓPEZ

22 jun 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Quizás para constatar que la ficción siempre supera a la realidad, o para demostrar que la realidad suele ser enemiga del turismo, el Gobierno de Tailandia le arrebataba en 1960 el nombre que la historia y la etimología habían esculpido para designar un río situado en la costa occidental del país y convertirlo en el río Kwai. Sobre este curso existía un puente con la estética adecuada para satisfacer a la legión de espectadores que en 1957 convirtieron la película de David Lean en un clásico y que querían escuchar in situ los silbidos de La marcha del coronel Bogey. La película es una de las muchas que entienden la naturaleza mística de los puentes, construcciones humanas que ejercen una extraña influencia sobre quienes las cruzan, a medio camino entre la fascinación y el temor, capaces de hacer brotar fobias con nombre propio como la gefirofobia que atormenta a quienes piensan en cruzar una pasarela y se sienten suspendidos sobre la nada, en un lugar no muy apto para los humanos.

Era fácil olfatear ese vértigo al abordar el majestuoso viaducto de la A-6 a cuyo colapso estamos asistiendo a cámara lenta, ayer un tramo, ahora otro, en unos días el siguiente. Siempre hay un momento cuando te enfrentas a genialidades así en el que te tiembla el pie; lo resuelves percatada de tu magra inteligencia y del destino fatal al que se vería abocada la humanidad si en una hecatombe nuclear la especie dependiese de gente como tú para reconstruir la orografía de la civilización. Por eso, al ver cómo sucumbe un ingenio como este, la parte más irracional de tus entrañas brinca con una suficiencia incómoda tan injusta con inevitable. Luego observas que el corte de la A-6 durante meses y el desvío por la vieja carretera es una imagen poderosa del presente tratando de entrar por el embudo del pasado. Poco ruido se oye para semejante nuez.