Infidelidades y lógicas de la vida amorosa

Manuel Fernández Blanco PSICOANALISTA Y PSICÓLOGO CLÍNICO

OPINIÓN

María Pedreda

10 jun 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Con frecuencia escuchamos decir que los seres humanos, especialmente los hombres, somos infieles por naturaleza. Pero en el mundo llamado natural el concepto de infidelidad no tiene sentido, porque el instinto determina el comportamiento sexual: siempre el mismo para los animales de la misma especie.

La sexualidad humana es diversa, pero, dentro de la diversidad, obedece a ciertas reglas. Freud descubrió que nuestro comportamiento amoroso y erótico no depende del azar. Para que una persona despierte nuestro interés sexual tiene que cumplir determinadas condiciones eróticas. En Tres contribuciones sobre la psicología de la vida amorosa estableció algunas de esas condiciones que gobiernan la vida amorosa de hombres y mujeres.

Un tipo especial de condición erótica, muy común en los hombres, pasa por la necesidad de que el objeto sexual esté degradado para que sea deseable. Esto implica una división entre el objeto de amor idealizado (normalmente como esposa y madre) y el objeto de goce (que aparece bajo alguna forma de degradación). Así, estos hombres, donde aman no desean y, donde desean, no aman. En esta lógica de la vida amorosa, la infidelidad (a menudo bajo la forma del recurso a la prostitución) es la consecuencia. Si no es posible reunir amor y deseo en la misma persona, se hace necesaria una doble elección.