La aburridísima política en Galicia

OPINIÓN

Alfonso Rueda saludando al portavoz socialista, Luís Álvarez, mientras la nacionalista Ana Pontón se despide de Feijoo.
Alfonso Rueda saludando al portavoz socialista, Luís Álvarez, mientras la nacionalista Ana Pontón se despide de Feijoo. Paco Rodríguez

14 may 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando este mediodía Alfonso Rueda asuma formalmente la Presidencia de la Xunta (aunque ejerce desde 48 horas antes), le estarán aplaudiendo cuatro presidentes autonómicos y una vicepresidenta de Gobierno que bostezarán por dentro al ver qué aburrida es la política gallega.

Con razón.

La suya es una fiesta. A saber: una Isabel Díaz Ayuso que se tiene que valer del apoyo de un grupo populista para mantener la Comunidad de Madrid y tiene enfrente a una oposición que ni le da los buenos días a ella ni se los dan entre ellos; una penitencia. Un Alfonso Fernández Mañueco que demostró su olfato convocando elecciones para darse un batacazo y terminar pactando con Vox justo cuando se elegía a Feijoo como jefe de filas; torpeza tras torpeza. Un Fernando López Miras que esquivó una moción de censura pactando por detrás con escapistas de Ciudadanos; un estratega de brocha gruesa. Y una Yolanda Díaz sin reparos en contradecir a su vicepresidenta primera sobre una ley de calado (y ni es la primera vez, ni será la última) y reprobar a sus propios compañeros de coalición unos minutos después.

Habrá también aplaudiendo la investidura de Rueda representantes del Congreso de los Diputados, un lugar con trece partidos donde esta semana se pudo escuchar al presidente Pedro Sánchez decir eso de «ya no hay mangantes» en el Gobierno de España. Y donde en el último año se han registrado estas lindezas: «nazi», «imbécil», «fracasados», «fascistas», «repugnante», «racistas», «felón»... Todo muy divertido.