Pozos en el río Miño: lección práctica de sedimentología

Juan Ramón Vidal Romani PROFESOR EMÉRITO DE GEOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE A CORUÑA.

OPINIÓN

MABEL RODRÍGUEZ

04 may 2022 . Actualizado a las 12:04 h.

Una lección práctica de comportamiento de partículas permitió al remero de kayak Jorge Ángel Pereira, hace diez años, sobrevivir a la corriente del río Miño en el mismo lugar donde ahora se han producido dos muertes. Hoy, el remero es profesor de yoga, lo que confirma su equilibrio mental que explica su comportamiento de entonces. Los ríos gallegos han seguido las pautas normales de todos los ríos hasta que hace un siglo comenzó su aprovechamiento hidroeléctrico intensivo, que en el caso del sistema fluvial Sil-Miño ha sido exacerbado. Los hidroeléctricos nos han acostumbrado a unos ríos con sus cauces llenos o vacíos, según convenga a sus dueños, y por eso no vemos que en su fondo tienen unas curiosas cavidades llamadas pozos o, más correctamente, marmitas turbillonares. Son unas cavidades subesféricas de hasta 10 metros de diámetro. Las hemos visto en el cauce del Avia, cuando está seco pero también se pueden ver en la desembocadura del Xallas en Ézaro, donde cae el agua de la cascada. Las del Sil-Miño fueron excavadas por las gravas cuarcíticas traídas por el río desde Ponferrada durante las fases glaciales del Pleistoceno y que llegaron hasta el final del Miño en A Guarda y aún se ven por debajo del mar. El Sil-Miño, con un nivel del mar 200 metros más bajo que el actual debido a las glaciaciones, se movía mucho más rápido, lo cual, combinado con las gravas que arrastraba, producía remolinos que erosionaron el cauce incluso cuando atravesaba el duro granito de As Neves. Cuando los hielos glaciares se fundieron, el nivel del mar subió hasta alcanzar el actual, llegando hasta Tui-Valença; pero más arriba, en Arbo, ya es la voluntad de las hidroeléctricas la que regula las oscilaciones del nivel del río.

Por eso, ahora, con el nivel del agua mas alto, las marmitas turbillonares se han convertido en una zona de bucle para el agua del fondo, que gira y gira sin fin y que, si atrapan a un niño como hace unos días, impiden su salida. Pero, afortunadamente, esto no ocurre siempre. Quien lo consiguió nos da una solución. Jorge Ángel se encogió en posición fetal, transformándose en un gran canto rodado que, al contrario de los que son de piedra, flotó, consiguiendo salir de la voluta mortal por la parte abierta de la marmita. Utilizó, sin saberlo, un principio de la sedimentología: saber rodar, flotando como los cantos de cuarcita que viajaron así desde el Bierzo hasta as Neves. Y vivió para contárnoslo. Merece el título de sedimentólogo honorario. Otro consejo para sobrevivir: no luchar contra el río, sino nadar en oblicuo hasta alcanzar la otra orilla. Habría que enseñar a los bañistas a librarse de la muerte aprendiendo unos rudimentos de geología.

Búsqueda del niño de 10 años desaparecido en el río Miño en Arbo

Hallado el cuerpo del niño desaparecido en el río Miño en Arbo

Ángel Paniagua

Los buzos de la Unidad de Buceadores de Ferrol (Ubufer) han encontrado este domingo a primera hora de la tarde el cuerpo del niño de diez años que había desaparecido en la tardenoche del sábado arrastrado por la corriente del río Miño, según confirma el jefe del operativo de búsqueda, el comandante naval del Miño. Tanto él como su padre, L.C.R.C., de 42 años, murieron ahogados de una manera fortuita y trágica. La familia, de cuatro miembros y afincada en Vigo, estaba pasando la tarde en la playa fluvial de Arbo. En una zona ligeramente apartada de la misma, al niño se le escapó una chancla. Fue a cogerla y el río lo engulló. El padre se lanzó detrás y logró abrazarlo, pero la corriente los arrastró. Fue su mujer, que se quedó con la niña de ocho años, la que llamó al 112.

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