Médicos de familia y la facultad

Jesús Sueiro / María José Fernández PORTAVOZ Y VOCAL DE DOCENCIA, RESPECTIVAMENTE, EN LA ASOCIACIÓN GALEGA DE MEDICINA FAMILIAR E COMUNITARIA

OPINIÓN

María Pedreda

29 abr 2022 . Actualizado a las 16:41 h.

Desde Agamfec (Asociación Galega de Medicina Familiar e Comunitaria) observamos con tristeza las noticias publicadas sobre la docencia de medicina, donde ni se tienen en cuenta las prácticas en atención primaria (AP), ni se entra en el debate de fondo: qué metodología docente debemos utilizar hoy en medicina. Hay grandes recursos formativos en toda Galicia, sobre todo en AP. Un trasplante lo hará un solo hospital. Pero la medicina, la exploración física, la entrevista clínica, la anamnesis, la valoración integral de un paciente, el estudio de su entorno familiar, laboral, social se hacen en toda Galicia en los centros de salud con estupendos especialistas en medicina familiar y comunitaria; la transmisión del conocimiento por parte de estos profesionales es esencial para cualquier tipo de práctica médica futura, pues es el destino del 50 % de los futuros graduados.

Existe un problema de falta de profesores titulares, catedráticos y contratados doctores en todo el Estado. La explicación es sencilla: para acreditarse como docente se precisa un currículo difícilmente accesible al sanitario con dedicación asistencial plena. Hace poco, un recién nombrado catedrático se quejaba amargamente de su acreditación docente conseguida a los pocos meses de su jubilación, lo que pone de manifiesto lo absurdo de la situación. Este es un reto que tendrán que resolver las instituciones académicas y sanitarias compatibilizando la imprescindible actividad asistencial con la carrera docente. Pero hay una medida más sencilla y la USC y su facultad de Medicina no la acaban de poner en marcha. Y esto es lo que pedimos en reiteradas conversaciones con los responsables de la USC, de la facultad y del Sergas: ampliar de manera inmediata y necesaria las plazas de profesor asociado de Ciencias de la Salud. Si dispusiéramos de unas 80 plazas de esta categoría para medicina de familia en toda la comunidad, las prácticas de medicina serían un problema solucionado, los estudiantes rotarían por las consultas aprendiendo a orientarse en la práctica clínica desarrollando todas las potencialidades de la atención primaria: ecografía, cirugía menor, programa de la mujer, retinografía, actividades comunitarias, sesiones clínicas y un largo etcétera. La metodología utilizada en los centros de salud y en la enseñanza de la asignatura de medicina de familia en la universidad facilitarán el conocimiento y comprensión de los problemas de salud más frecuentes, prevalentes y urgentes de los pacientes en su entorno real; proporcionará al alumno una visión generalista de la medicina, esencial para cualquier especialidad que ejerzan en el futuro, considerando a los pacientes como personas cuya atención es algo más que la suma de las patologías de los diferentes órganos.

La cifra de 80 plazas para toda Galicia no es un disparate. No se acerca a la mitad de las 180 que tiene el área sanitaria santiaguesa por si sola y que son casi todas de ámbito hospitalario. Los datos del número de profesores asociados en ciencia de la salud por área y ámbito asistencial (hospital versus atención primaria) ponen de manifiesto qué lejos estamos de solucionar el reto de la descentralización y de aprovechar la gran potencialidad formativa de nuestros médicos de familia gallegos. Si la universidad y la facultad no corrigen este desequilibrio seguiremos asistiendo a reclamaciones y debates permanentes, mientras la docencia se anquilosa y deteriora.