Por qué sube la ultraderecha

Enrique Clemente Navarro
Enrique Clemente LA MIRADA

OPINIÓN

Ian Langsdon | EFE

25 abr 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Marine Le Pen se ha puesto el disfraz de moderada y le ha funcionado. Sigue subiendo. Aunque, afortunadamente, no lo suficiente. Su ascenso plantea varias preguntas: ¿por qué sube la extrema derecha, no solo en Francia, sino en otros países como el nuestro?, ¿hay que tratarla como un partido más o imponerle un cordón sanitario como en Francia y Alemania, y que no existe en Italia, Austria o España? Responder a esas cuestiones requiere un análisis riguroso y en profundidad. Solo tres notas. Una, en el país vecino ha tenido lugar la tormenta perfecta: hundimiento de los partidos tradicionales por méritos propios y aparición de un candidato más ultra aún que Le Pen, Zemmour. En España, el declive del bipartidismo

hace que el PP solo pueda gobernar con Vox. Dos, la extrema derecha está contagiando su ideología a los partidos conservadores y de derechas, como en nuestro país, donde Vox ha impuesto al PP el término violencia intrafamiliar, que niega o minimiza la machista. Tres, se ha apropiado de banderas que monopolizaba la izquierda: rebeldía, transgresión, rechazo de las élites y el establishment, y conecta con amplios segmentos de la población que se consideran los perdedores del sistema. Investigar las causas de ese malestar es esencial. Pero tras esa estrategia del camaleón, que en Francia se llama desdiabolización, se ocultan el antieuropeísmo, el autoritarismo, la xenofobia y la regresión en derechos y libertades. Demagogia y populismo son sus recetas para enfrentar problemas reales. Por eso, normalizar y blanquear a estos partidos es un error catastrófico. Los regímenes iliberales de Hungría y Polonia son un ejemplo terrible de lo que nos esperaría aquí si Vox o un PP voxizado alcanzasen el poder.