Medina y la feria

Mariluz Ferreiro A MI BOLA

OPINIÓN

17 abr 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Luis Medina estaba acostumbrado a ver pasar bajo los balcones de la casa de su madre los pasos de la Semana Santa de Sevilla. Tiene su aquel que este domicilio esté situado al lado de Casa de Pilatos, un palacio que también le es familiar al comisionista. A ver si esta vez la procesión va por dentro. Aunque quizás no se geste ni una pizca de remordimiento en esa cabeza. Porque ciertas personas creen firmemente que el mundo no les salpicará nunca. Es difícil que asuman su condición terrenal cuando hasta los santos los ven desde arriba. Se nota hasta en el porte. Como dijo Boris Izaguirre, comentando una fotografía de una gélida y bella Carolina de Mónaco, «ahí detrás hay generaciones y generaciones que no han pasado hambre». Y, además, los hay que no han querido enterarse del hambre de otros. «Yo soy un mero... Yo solo he puesto en contacto a dos personas», titubeaba Medina en su declaración ante el fiscal. De la mar, el mero; de la tierra el cordero. Y para ovejas trasquiladas, nosotros, los no conseguidores. Poner en contacto a dos personas vale la fortuna de una vida. Y no son Putin y Zelenski. No son Will Smith y Chris Rock. Parece un chiste malo que este señor sea el hijo del duque de Feria y que Feria fuera el nombre elegido para bautizar el yate que se agenció gracias a su brillante gestión, esa que valía una millonada ante el Ayuntamiento de Madrid, pero que ante el fiscal resulta que tampoco era para tanto. Sí que fue una feria. Como dicen aquí en Galicia, non hai feira mala. Cuando relincha algún jinete del apocalipsis, siempre hay alguien que saca partido. Sucede en las guerras. Y ha ocurrido también con la pandemia. En la profundidad más oscura hay petróleo. Pero mancha.