La política va de historias

Erika Jaráiz Gulías
Erika Jaráiz Gulías LÍNEA ABIERTA

OPINIÓN

Eduardo Parra | Europa Press

24 feb 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

La imagen de Casado de ayer, abandonando el Parlamento tras su intervención de despedida, ha sido la imagen de la derrota personalizada, individualizada y no compartida por los parlamentarios del PP, y, por ello, la expresión de un partido dividido, roto, lleno de intrigas y de intrigantes; indeciso, que no sabe si ponerse de pie ante el líder que se va mientras mira a los que llegan.

Esta historia ha dibujado claramente la fragilidad de la unidad de los populares; esa arquitectura construida sobre los pilares de la autoridad que se desmorona cuando la ropa sucia se lava fuera de casa. Ese ha sido el gran pecado de Casado, no saber cuándo tenía que echar el freno, cuándo perder una batalla para ganar la guerra, y ese parece ser el mal endémico de su generación.

Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Albert Rivera y el propio Pablo Casado pertenecen a una nueva generación de políticos, la que tomó el control de la política cuando la política se fracturaba, cuando la sociedad se polarizaba, cuando el mito de la transición política se hacía pedazos y nos quedábamos sin un espacio común de referencia compartida, cuando nacía la nueva política, la impunidad de las redes, las fake news.