Iñaki y Cristina

Alejandra García SOCIA DIRECTORA DE GAREA ABOGADOS

OPINIÓN

Raúl Terrel | Europa Press

02 feb 2022 . Actualizado a las 17:39 h.

Del «cese temporal de la convivencia» a la «interrupción de nuestra relación matrimonial», dos frases que ya son historia de las monarquía española. Eufemísticas fórmulas ambas, la primera fue empleada en el 2002 por los duques de Lugo, doña Elena de Borbón y don Jaime de Marichalar, para anunciar a los medios de comunicación su separación. Veinte años después, con la segunda, los españoles han conocido la de la doña Cristina de Borbón y don Iñaki Urdangarin.

Lo que en realidad se esconde tras estas expresiones es una separación matrimonial. En el caso que nos ocupa, la de los duques de Palma, se trata de una separación judicial de mutuo acuerdo, lo que se traduce en una suspensión de la vida común y en posibles cambios en su régimen económico matrimonial.

La suspensión de la vida en común no significa aquí, sin embargo, la del vínculo matrimonial, lo que sí ocurriría en caso de divorcio. Los ex duques de Palma han obviado de momento esta posibilidad y se han acogido al parecer a la separación judicial, una fórmula cada día más en desuso, entre otros motivos por su asociación a creencias religiosas. La consecuencia más importante de optar por la separación en vez del divorcio es que no pueden volver a casarse mientras no formalicen el divorcio.