Máxima incertidumbre y grandes riesgos

María Jesús Fernández ECONOMISTA SENIOR DE FUNCAS

OPINIÓN

30 ene 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

La inflación constituye ahora mismo el principal factor de incertidumbre, y el principal riesgo para la recuperación. Cuando el actual proceso inflacionista se inició en la primavera pasada, los factores impulsores eran claramente de carácter transitorio, y limitaban su impacto al componente energético del IPC, mientras que la inflación subyacente se mantenía en niveles reducidos. Pero en los últimos meses del año la inflación se extendió a componentes no energéticos del IPC, especialmente a los alimentos, reflejando el inicio del traslado hacia los precios finales al consumo de los mayores costes de producción derivados del encarecimiento de los productos energéticos, de las materias primas y del transporte marítimo, así como de los cuellos de botella en las cadenas de producción.

Las perspectivas para los próximos meses están sujetas ahora mismo a máxima incertidumbre. Por el momento, el escenario que se considera más probable es de bajada de los precios de las materias primas y descongestión de las cadenas de producción a partir de la primavera. La traslación de los mayores costes de producción hacia los precios finales al consumo sería limitada, y no habría efectos de segunda ronda sobre los salarios —es decir, no se producirían subidas salariales compensatorias—. En este escenario, la inflación bajaría intensamente en la segunda mitad del año y, aunque la subyacente se mantendría en niveles cercanos al 2,5 % durante la mayor parte del mismo, se trataría esencialmente de un fenómeno transitorio.

No obstante, nada de esto está asegurado. Podría ser que esa corrección de precios de materias primas no se produzca, ya que detrás de su encarecimiento hay factores de oferta y de demanda de carácter más persistente —por no mencionar los riesgos geopolíticos—. También puede ocurrir que la traslación de costes hacia los precios finales al consumo sea más intensa de lo que se espera, y que se produzcan efectos de segunda ronda sobre los salarios, desencadenando una espiral precios-salarios, es decir, un proceso en el que la inflación se alimenta a sí misma, lo que la convertiría en un fenómeno más permanente. Un elemento fundamental para que esta espiral pueda desatarse, que es la expansión de la base monetaria, ya está presente en la economía.