Vienen lluvias pertinaces

OPINIÓN

CRUZ ROJA

20 ene 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando yo era niño, en la prehistoria de la memoria histórica, los meteorólogos no se atrevían a hacer un pronóstico a dos días, ni a distinguir el tiempo de Forcarei del de Soutelo de Montes. Por eso la gente mayor, cuando se acercaban las fiestas, o la siega, estaba pendiente del aire de abaixo, que con 18 horas de antelación nos decía si iba a salir la procesión, o si se podía mojar el colmo do palleiro. Los actuales científicos del tiempo ya son exactos, y localizan su pronóstico con precisión. Pero si en vez de hablar del tiempo hablamos de política, donde se producen enormes borrascas, las predicciones meteorológicas apenas han cambiado desde que Julio César destripaba dos ocas para leer sus entrañas, y eso hace que, mientras el Estado nos garantiza un tiempo ideal para la siega y las fiestas del bienio 22-23, el informe Foessa, difundido por Cáritas, nos dice que el río vai levar por diante pontes e camiños. Y por eso, para salir de esta contradicción, les adelanto el pronóstico que hice ayer escudriñando el aire de abaixo.

Tras la aprobación de los presupuestos generales para el 2022, que ya nacieron eivados por el optimismo estadístico, se suponía que venía un tiempo seco y templado, muy apto para recoger las cosechas. Pero lo que dice el aire de abaixo es que la mayoría que gobierna «estar está», como decía Gila; pero está de tal manera que no puede gobernar. Y por eso tenemos en la cuerda floja la reforma laboral, el cambio de la ley mordaza, la ley de la vivienda, la nueva cogobernanza y otras cosas que, no pudiendo ser obstruidas por la oposición, están varadas en la mayoría de investidura.

También tenemos el citado informe Foessa, que, convertido en un pájaro de mal agüero, dice que la pobreza aumenta como nunca, que millones de almas se quedan atrás, que el problema del desempleo se disimula, pero no se resuelve, y que el bálsamo de la renta básica no llega ni siquiera al 20 % de sus posibles beneficiarios. Los empresarios, los gobiernos autónomos y muchos expertos en gestión pública dicen que los fondos Next Generation llegan lentos, se planifican mal, se reparten con oscurantismo, y que las administraciones no tienen capacidad para ejecutarlos bien.