Emilia Pardo Bazán y la alta velocidad

José María Paz Gago PRESIDENTE DEL COMITÉ CIENTÍFICO DE «LA TRIBUNA. CADERNOS DE ESTUDOS DA CASA MUSEO EMILIA PARDO BAZÁN»

OPINIÓN

Brais Lorenzo | Efe

07 ene 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

El ferrocarril era como un sueño fantástico de las imaginaciones gallegas. Así expresaba Pardo Bazán, en sus Apuntes Autobiográficos, los continuos retrasos en las obras de conexión ferroviaria entre Galicia y Madrid, que no se rematarían hasta 25 años después de su inauguración por Isabel II.

Sus continuos viajes entre la capital y Marineda durante más de medio siglo le hicieron anhelar los diferentes saltos tecnológicos en los medios de transporte. En su juventud padeció los flemáticos coches de la llamada diligencia, por lo que el ferrocarril le supo a gloria, aunque sufrió todo tipo de percances y retrasos en aquellos viejos trenes, algún descarrilamiento incluido. Con su humor habitual, escribió: «Tal vez sea España el único país del mundo en que los ferrocarriles hacen echar de menos con nostalgia la galera, el carromato y los buenos tiempos de la arriería».

Por todo ello, adquiere singular simbolismo que su centenario haya coincidido con la llegada del tren de alta velocidad a Galicia. Doña Emilia luchó incesantemente por la mejora de las conexiones entre nuestras costas y la meseta porque, tal como escribía en 1894 en El imparcial, «un camino —sea de tierra o de hierro— es la civilización en forma visible». Y eso es el tren de altas prestaciones que acaba de inaugurarse, veinte años después de que Fraga y Aznar colocasen la primera traviesa del proyecto.