Garzón y los Reyes Magos

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Isabel Infantes | Europa Press

06 ene 2022 . Actualizado a las 16:32 h.

Perdonadme, porque escribo esta crónica un poco antes de la llegada de los Reyes Magos y siento un cosquilleo que no me deja concentrar. Les he pedido muchos imposibles, como que el AVE llegue a Lugo y ellos, que pasaron por Arabia Saudí, me hicieron el insólito honor de responderme: «Como reyes que somos no queremos saber nada de trenes de alta velocidad, porque luego pasa lo que pasa, pregúntele usted a su emérito». Les he pedido también que trajesen un poco de sentido común. Por ejemplo, para los niños Putin y Xi Jinping, que juegan con misiles en sus fronteras, y los Magos me dijeron que lo único que pueden hacer es dejarles en sus zapatos misiles de fogueo, pero acabarían descubriéndolos y el cabreo que cogerían casi sería peor. Así que opté por algo menos complicado y terminé por pedirles a última hora que traigan un cargamento de bozales y los repartan por las instituciones, especialmente por el Congreso de los Diputados y la mesa del Consejo de Ministros.

De esta sugerencia no tuve respuesta, más que nada porque los Reyes, por Magos que sean, no deben meterse en política, aunque les gustaría. Según su gabinete de comunicación, sus casas reales están en fase de modernización, quieren seguir el modelo de las monarquías occidentales, cuidan mucho su transparencia y se declaran neutrales ante las fuerzas políticas. Cualquier intromisión, aunque sea en forma de regalo, terminaría con su imagen de neutralidad. Frente a tan respetable actitud, les argumenté en mi carta que el reparto de bozales no figura expresamente prohibido en ninguna Constitución conocida, y que a veces un bozal puede ser un instrumento de concordia que beneficia al conjunto del país y a la convivencia armónica. Y les puse un ejemplo.

Les envié fotocopia de lo declarado por el ministro de Consumo, don Alberto Carlos Garzón Espinosa, al diario británico The Guardian contra las macrogranjas y lo que dijo de que exportamos carne de mala calidad y de animales maltratados. «Eso es, majestades, hundir las exportaciones de carne y condenar a muerte al sector ganadero». Eso les escribí. Y añadí otras tres consideraciones. Primera: si la carne es de mala calidad, ¿cómo lo permite él, si es el ministro de Consumo? Segunda: si los animales sufren los malos tratos que dice, ¿qué hace el Gobierno al que pertenece y que parece tan sensible ante los derechos casi humanos de los animales? Y la tercera: como simple persona física que sigue siendo, a pesar de su rango ministerial, con tratamiento de excelentísimo señor, y el maltrato animal es un delito, ¿no será el señor Garzón cómplice de ese delito por no denunciarlo ante la Justicia?