El año de la necesaria recuperación

Abel Veiga PUNTO DE VISTA

OPINIÓN

Jesús Hellín

05 ene 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Deberá ser 2022 el año de la recuperación económica, del crecimiento. De la salida hacia delante y volver a ratios prepandemia. Pero también será un año de volatilidades, de tensiones geopolíticas, de escaladas de precios. De contracción en algunos ámbitos acompañada en ciertos sectores de desindustrialización, esta ya anunciada y espoleada en los últimos meses no solo en Galicia, también en el resto del Estado. Algunos solo harán especial énfasis en la reforma laboral, una reforma a medias incluso en el discurso teórico. Acotar la precariedad no es solo un triunfo y una necesidad, sino una respuesta global. Véase el espejo estadounidense y donde el cambio de rumbo llevará, quizá, quién sabe, hacia un impulso del emprendedurismo.

2022 nos trae una fuerte ratio de endeudamiento, por muy barato que este sea respecto a épocas pretéritas. Donde la inflación y la presión inflacionista golpea de nuevo convirtiéndose en un riesgo serio para el crecimiento sólido, donde la vivienda no deja de subir como tampoco el precio del alquiler, o el precio desbocado de la luz y la energía en general más allá del debate estéril ahora mismo en la Unión Europea de si la nuclear es o no energía verde hasta una fecha delimitada. Hacen falta más ideas. Pero de las buenas. No solo fuegos artificiales. La pandemia no está erradicada, creímos en 2021 superarla pero la bofetada última de realismo nos ha dejado a medias. Inflación y ómicron y otras variantes amenazan precisamente una recuperación ascendente y lineal. El PIB mundial crecerá, pero probablemente no alcance el 5 % aunque no será idéntico para unas y otras economías, emergentes y desarrolladas. Ya no hablemos de las que ni siquiera entran en esa dualidad.

2022 nos dará una radiografía muy nítida del nivel de solvencia de nuestras empresas, tiempo ya donde las moratorias concursales desaparecerán, con un nuevo texto refundido concursal para mediados de año, donde las ayudas públicas y los fondos next generation —y sería un error si no llegan a las pequeñas y medianas empresas sobre todo—, marcarán el rumbo definitivo de la economía española.