Los tres enemigos del mundo

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

04 ene 2022 . Actualizado a las 08:59 h.

En estos días de tránsito entre dos años he visto tres diagnósticos altamente inquietantes. Uno se refiere a los peligros que amenazan la paz mundial, con una agresividad insólita entre Occidente y Rusia y China: el momento es definido como «el peor escenario desde la Segunda Guerra Mundial». El segundo habla de la salud de la democracia: ha disminuido el número de naciones que tienen un sistema democrático indiscutible y avanza lo que algunos autores llaman «seducción del autoritarismo» y otros atribuyen todo al crecimiento de los populismos, de derechas y de izquierdas. Y el tercer diagnóstico es el más evidente porque lo sufrimos en nuestras carnes: la continuación de la pandemia con la propagación imprevista de la variante ómicron, que causa menos muertes, pero lleva camino de provocar una catástrofe laboral.

Es difícil decidir cuál de estos diagnósticos es más alarmante. En teoría, lo debería ser el primero, el que hace sonar tambores de guerra por los movimientos militares en la frontera oriental de Europa y en Extremo Oriente, por los nuevos imperialismos que representan China y Rusia y por los intereses que están en juego: nada menos que la primacía mundial. La invasión rusa de Ucrania y la invasión china de Taiwán tendrían el efecto de un desastre mundial. Es de suponer que la diplomacia por un lado y el miedo a un apocalíptico conflicto sirvan para que los misiles vuelvan a sus puntos de partida. Personalmente confío más en ese factor miedo que en el pacifismo de los actuales gobernantes de las tres mayores potencias.

Los riesgos de la democracia son otra cosa. Estamos viviendo fenómenos que no habíamos visto nunca: líderes que se consolidan y ganan elecciones en un par de semanas, como acaba de ocurrir en Chile; desaparición de históricas siglas que dejan su espacio a formaciones desconocidas en su nombre y en sus intenciones y crecimiento de los populismos, que en algunos países ya alcanzaron el poder y en otros amenazan con alcanzarlo. Cuando todo esto ocurre y ocurre al mismo tiempo, el mundo democrático debe hacer un análisis sobre las causas de estos fenómenos. Y entre ellas hay una muy evidente: si la democracia está en retroceso, es que las sociedades perciben que no son eficaces ante los nuevos problemas del mundo. Y el nuevo peligro puede estar en la inflación, que creará más desigualdades y, por lo tanto, más rebeliones contra el poder establecido.