Aplausos y lamentos de fin de año

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Eduardo Parra | Europa Press

31 dic 2021 . Actualizado a las 09:17 h.

Supongo que lo conté alguna vez, pero pido permiso para repetirlo, porque se convirtió en una norma ética para este cronista. Ocurrió hace mucho tiempo. Un día como hoy se me ocurrió decir en la radio que había sido un buen año. No hice más que terminar el comentario, llamó una oyente, me dijo «habrá sido un buen año para usted» y colgó. Aquel día aprendí que cualquier balance de un tiempo puede ser humanamente injusto. Hoy, por ejemplo, ¿cómo se puede celebrar el éxito de la vacunación ante las familias que perdieron a alguien en la pandemia? Habrá que tener, por lo menos, un recuerdo para ellas. ¿Cómo se puede presumir de un crecimiento vigoroso de la economía ante un millón de hogares donde no entra un solo ingreso porque todos sus miembros están en paro? ¿O cómo se puede hablar de seguridad a las mujeres que sufren violencia, al comerciante que ha sufrido un atraco, o a la familia y a los amigos de Samuel?

Por eso, al analizar el año que hoy despedimos, este cronista no se atreve a generalizar, ni siquiera pensando políticamente, como demostraron los señores Sánchez y Casado, maestros en la explotación del éxito y en la atribución del fracaso. Hubo aspectos magníficos y aspectos deprimentes. Puesto a celebrar algo, este cronista celebra que la sociedad no se rebeló contra las imposiciones legales para combatir el virus, ni contra las injusticias lacerantes que parecen imposibles de combatir esté quien esté en el Gobierno, ni contra los comportamientos políticos basados en el partidismo y el egoísmo. Y aún así, no me atrevo a aplaudir, porque ignoro si es por madurez o porque estamos anestesiados.

Puestos a lamentar, ¡qué queréis que os diga, si cada día la crónica es una crónica de lamentos? Lamento que una clase dirigente que presume saber de dirigir los destinos de la nación no sepa encontrar solución para las industrias de A Mariña. Lamento el derrotero de algunos medios informativos, descaradamente politizados, que con su partidismo arruinan la credibilidad de la información, básica para la salud democrática. Lamento la desestructuración de la sociedad, que se queda sin fuerza para hacer valer sus aspiraciones ante los poderes políticos y económicos. Lamento que la triunfadora en los climas de opinión esté siendo la desconfianza; desconfianza doble: en los poderes públicos y sus representantes y desconfianza de la sociedad en sí misma, que seguramente sea la peor. Y lamento ver cada día más libros y más informes que llevan títulos como El ocaso de la democracia, último ensayo best seller, y lo peor es lo que retratan: el avance de los movimientos populistas y los autoritarismos.