La España vaciada y la senilidad

Eduardo Vázquez Martul PATÓLOGO RETIRADO, EXJEFE DEL SERVICIO DE ANATOMÍA PATOLÓGICA DEL CHUAC (COMPLEJO HOSPITALARIO A CORUÑA)

OPINIÓN

ALBERTO LÓPEZ

29 dic 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Muchos son los comentarios sobre la España vaciada, que poco a poco se va extendiendo dejando tras de si la otra consecuencia, que es la España contaminada, senil y empobrecida. Los humanos, con sus políticas erróneas, somos los causantes en gran parte de este circulo vicioso. Detrás de la desertificación que hace el hombre se esconden causas múltiples muy descritas. Los incendios cada vez mas frecuentes, la agricultura intensiva, las malas prácticas agrícolas sin planificación (que yo sepa, en nuestro país no hubo reforma agraria), el empleo de sustancias químicas que contaminan, el monocultivo que agota acuíferos... son, entre otras, razones las que asedian campos hoy productivos y mañana desérticos si no cambia el afán de explotación sin control. Si no se pone remedio, regiones hoy pobladas quedarán desérticas, como ya lo son aquellas que configuran la otra España, la empobrecida, aislada y despoblada. Difícil solución, ya que el empleo, el futuro, la juventud no lo ve en el campo y por eso existe la España vaciada. Quedan los viejos, solos y abandonados. Pero el aire puro de la aldea aún no contaminada actúa de conservante y la edad media se acerca a los cien años a pesar de la pobreza, senilidad, y de la enfermedad más grave, la soledad. Con un pedazo de pan, una cucharada de aceite, una patata y una gallina, nadie muere de hambre. Pero el joven necesitado y mal formado llega a la ciudad sin trabajo o con un sueldo precario. La procreación no es una prioridad, aunque la prediquen los curas en sus iglesias vacías. Es en lo último en lo que piensa la juventud. Muy lejos están aquellos tiempos de familia numerosa. Pero tampoco el aventajado joven que alcanza un trabajo seguro, bien remunerado, tiene tiempo para empezar a procrear. Hay que vivir deprisa, los hijos atan y el contrato es temporal. El mañana... qui lo sá. Y además, ¿qué hacemos con el viejo que no acaba de morir? Por eso en Japón se venden mas dodotis para ancianos que para bebés. Gran problema que asola a países que han centralizado la economía en el consumo y el poder político en la gran urbe, abandonando el campo que siempre nos dio de comer, aunque después tiramos con lo que sobra. En las aldeas solo hay viejos, pero no importa, el voto del anciano está asegurado.