Castells, el ministro esotérico

Ernesto Sánchez Pombo
Ernesto S. Pombo EL REINO DE LA LLUVIA

OPINIÓN

J.J. Guillén | Efe

18 dic 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La salida de Manuel Castells del Gobierno es una de las mejores noticias de los últimos tiempos. Para las universidades, para la educación en general, para las futuras generaciones de españoles y para el Gobierno de Sánchez. Para todo y para todos. Porque en pocas ocasiones un ministro cometió tantas torpezas y desatinos como el que ahora deja su lugar a Joan Subirats que, a poco que haga, pasará como un buen gobernante. Por comparación con su antecesor.

Los que tuvimos que chaparnos en la facultad las teorías de la comunicación del ilustrado Castells nos iremos a la otra vida sin comprender la fatídica metamorfosis que padeció quien parecía empeñado en destrozar lo poco que queda de la enseñanza universitaria. No dejó títere con cabeza. Se enfrentó a rectores, estudiantes, sindicatos, profesores, a sus defensores y a los propios compañeros de Gobierno.

Desde el momento de su toma de posesión, cuando discrepó de la separación de su cartera de las de Ciencias, Castells ha sido un verso suelto. Tan suelto que se le llegó a considerar un ácrata que tardaba meses en aparecer en público, pese a que, según sus más próximos, trabajaba jornadas maratonianas. Un ministro escondido y enigmático. Esotérico. También incomprendido. Un ministro atípico del que su gestión se resume más por errores, torpezas, obsesiones y terquedades que resultarían muy divertidas si no fuese por la trascendental repercusión que tienen. Y entre ellas, una excelsa. El proyecto de incluir en el marco legal a las universidades privadas y sus centros adscritos y promover la expulsión de hasta tres años de alumnos que participen en novatadas.